JOSEP CORBELLA, Barcelona

En una investigación que analiza con datos experimentales cómo la globalización afecta a la riqueza de los países, el economista Luigi Pascali llega a la inesperada conclusión de que el libre comercio no favorece necesariamente el desarrollo económico. Sólo lo hace en aquella minoría de países que tienen un sistema judicial eficiente y donde el gobierno no está por encima de la ley. “Me sorprendió este resultado”, reconoce el profesor de la UPF y de la Barcelona Graduate School of Economics. “Va en contra de la idea teórica que teníamos de que, cuanto más comercio, más riqueza. Es una lección importante para el mundo actual”.

¿Qué le llevó a investigar esta cuestión?

Cuando estudiaba la carrera, emergió un fuerte movimiento antiglobalización. Esto me llevó a intentar entender el impacto de la globalización en el desarrollo económico.

¿Cómo lo investigó?

Sabemos que los países ricos suelen ser los que están más abiertos al comercio y que los países pobres no lo están tanto. Pero no sabemos la dirección de causalidad. No sabemos si son ricos porque están abiertos al comercio o al revés. Para identificar cuál es la causa y cuál la consecuencia, lo ideal sería poder hacer un experimento.

¿Qué tipo de experimento?

Si pudiéramos cerrar diez países al comercio, abrir otros diez y ver qué ocurre en ambos grupos, lo aclararíamos. Pero, por supuesto, este experimento no se puede hacer.

¿Entonces?

Se me ocurrió que la globalización no es un fenómeno nuevo. Hubo una primera ola de globalización a partir de 1870, cuando los barcos de vapor sustituyeron a los de vela como medio de transporte de mercancías por el mar. Si encontrábamos datos de aquel periodo, de la transición de la vela al vapor, veríamos qué efecto había tenido la globalización en la economía de distintos países. La historia había hecho el experimento por nosotros.

¿Cómo consiguió los datos?

De multitud de fuentes. Busqué en bibliotecas de EE.UU., del Reino Unido, de Alemania, de Italia… Obtuve información de los tiempos de navegación a vela y a vapor para 16.000 pares de países; de 23.000 transacciones entre mil pares de países; del transporte de mercancía en 291 rutas marítimas; de cuadernos de bitácora de travesías marítimas de los siglos XVIII y XIX…

¿Cuánto tiempo le llevó analizar todos estos datos?

Han sido tres años de trabajo. He tenido la suerte de contar con un grupo amplio de ayudantes de investigación, 43 personas en las universidades de Boston, de Warwick y en la UPF, que me han ayudado a extraer la información de los datos.

¿Tenía algún interés especial por los barcos de vapor antes de empezar esta investigación?

No por los barcos de vapor, pero me encanta navegar desde que hice el doctorado en Boston y me apunté a un club náutico universitario. Así es como se me ocurrió que, cuando el vapor reemplazó a la vela, las rutas comerciales marítimas debían cambiar, porque ya no dependían de los vientos sino de las distancias. Y que, por lo tanto, analizar los efectos de la introducción del barco de vapor permitía explorar los efectos del comercio internacional sobre el desarrollo económico.

¿Y qué descubrió?

Que la globalización, en conjunto, no favorece el desarrollo económico. Sin embargo, sí hay un grupo de países que son capaces de beneficiarse de la globalización.

¿Los más ricos?

No necesariamente los más ricos. Lo que realmente cuenta son las instituciones democráticas. Los países donde el gobierno está controlado por la justicia se benefician de la globalización. Los que tienen regímenes absolutistas resultan perjudicados.

¿Puede dar ejemplos?

En EE.UU., el PIB per cápita se incrementó en la primera ola de globalización. En India y China, no lo hizo. En África, tampoco. Dentro de Europa, el Reino Unido y Holanda, donde el poder ejecutivo no estaba por encima del judicial, se beneficiaron. El imperio austrohúngaro y el otomano, que tenían monarquías poderosas, no lo hicieron.

¿Y España e Italia?

Tampoco se beneficiaron.

¿Cómo explica usted que la globalización solamente sea beneficiosa en países que tienen insti­tuciones democráticas maduras?

Porque es beneficiosa allí donde hay una protección del comercio y de la innovación. Lo cual requiere un sistema legal complejo y eficiente, en que se hagan cumplir los contratos y en que los conflictos se resuelvan con rapidez. Estas circunstancias se dan en países con sistemas de control sobre el gobierno más que en países autocráticos.

¿Son extrapolables los resultados de su investigación a la era actual de globalización?

Por lo menos indican que la globalización no conduce necesariamente a un beneficio general para la población, que es lo que decían la mayoría de los modelos teóricos. Por otro lado, en la medida en que el pasado pueda ser una guía del futuro, indica que podemos obtener grandes beneficios de la globalización, pero sólo si tenemos las instituciones adecuadas.

 
Luigi Pascali (Brindisi, Italia, 1979) se licenció en el 2003 por la Universidad Bocconi de Milán, especializada en economía. Hizo el doctorado en la universidad Boston College en EE.UU. entre el 2003 y el 2010. Sus investigaciones se centran en crecimiento y desarrollo, historia económica y macroeconomía. Se incorporó a la Universitat Pompeu Fabra en el 2010. Tres años después se trasladó a la Universidad de Warwick (Reino Unido). Regresó a la UPF en el 2015. También está afiliado a la Barcelona Graduate School of Economics y al Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR).

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