Por Claudia Fernández Lerebours

Una alergia alimentaria es una sobrerreacción del sistema inmunológico a un alimento. Esto es igual a que nuestro cuerpo de inmunidad, por razones que no están claramente establecidas, identifica al alérgeno (el alimento que nos provoca alergia) como un agente infeccioso y así lo ataca.

Esta sobrerreacción es una anormalidad. Las células encargadas de proteger nuestro organismo de los invasores dañinos no deberían atacar nada más que a éstos, pero por condiciones individuales y que se pudieran calificar como misteriosas, así sucede.

Generalmente el anticuerpo que involucra las reacciones alérgicas alimentarias es la Inmunoglobulina E y bajo su ataque se desencadenan una serie de reacciones tras ingerir el alimento que nos causa la reacción, que van desde rinitis aguda, dolor de garganta, urticaria, dolor abdominal, vómitos y diarrea, hasta la anafilaxis, que es el estadio más grave de la alergia.

Cuando hay reacción del sistema inmunológico se produce un proceso de inflamación sistémico que puede manifestarse en cualquier parte del cuerpo.

Las reacciones alérgicas a alimentos se producen en periodos que van desde los 30 minutos tras la ingestión hasta cinco días. Sin embargo, en algunos casos la reacción ni siquiera es tan inmediata (En estos casos los anticuerpos involucrados generalmente son Inmunoblobulina G y A), lo que ocasiona que no podamos relacionar con alergias a alimentos los diversos síntomas que llegan a provocarnos.

Estos pueden ser tan variados como migraña, asma, problemas de la piel, caída del cabello, rinitis crónica, enfermedades mentales, otitis, problemas neurológicos, entre muchos otros cuadros.

Las alergias alimentarias no deben confundirse con intolerancias. En el caso de la intolerancia, la reacción no es inmunológica sino del sistema digestivo, por falta de enzimas u otras individualidades. Es el caso de la intolerancia a la lactosa (el azúcar de la leche), que ocurre cuando falta la lactasa, la enzima que la degrada.

En ese sentido, las intolerancias producen fundamentalmente síntomas gastrointestinales. Muy diferente es una alergia a la leche propiamente, pues ésta involucra rechazo del sistema a la caseína y otras proteínas de la leche, lo que desata reacciones de inflamación que pueden manifestarse en cualquier zona de nuestro organismo.

Aun no hay cura para las alergias alimentarias, la única forma de manejo es excluir el alérgeno. Si se trata de alergia a las proteínas de la leche hay que excluir todos los lácteos de la alimentación. La falta de exclusión del alimento alergénico conducirá a enfermedades crónicas o hasta degenerar en estados mórbidos graves.

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