Por Elso Segura
En el año 1973 el profesor juan Bosch renuncia del PRD y funda el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), convencido que con los niveles de corrupción y desorden institucional que el PRD padecía, era imposible realizar los cambios que demandaba la sociedad dominicana, y que él quería llevar a cabo en el país.
Durante 27 años fuimos un partido de organismos, porque él maestro entendía que el partido no podía llenarse de masas, sino de dirigentes con influencias y liderazgo sobre dichas masas; y así ganamos las elecciones del 1990, siendo apenas 6 mil miembros.
En todo este tiempo del año 1973 al 2000, fuimos un partido admirado y respetado por la sociedad dominicana, por la mística, la organización, la disciplina y la moral, llegando a ser comparado en orden y disciplina con el Ejército Nacional y la Iglesia Católica.
Eso fue así hasta la celebración en el año 2000 del 6to congreso del partido, llamado paradójicamente “Profesor Juan Bosch”, en el cual se formaliza la liquidación del proyecto político del maestro. Aquí se acordó la apertura y la masificación, la eliminación de la educación, de la escuela de formación política y los círculos de estudios del partido.
A partir del 6to congreso se permite la entrada al partido a todo el que quisiera, sin importar condición social o de otra naturaleza, llenándolo sobre todo de “bajo pequeños burgueses muy pobres” como le llamara el profesor Juan Bosch, que son personas con escaso capital humano y capital social. Estos apenas tienen tiempo para buscar el sustento diario; y su participación en actividades políticas están sujetas a que le den algo material, por eso no son estables ni confiables, y siempre están con el que más le ofrezca en corto tiempo.
Desde entonces los peledeistas nos igualamos a los dos partidos que habían gobernados antes, el PRD y el Partido Reformista Social Cristiano. No sólo nos igualamos en cuanto a su base social, sino, además, en cuanto a las estrategias para ganar elecciones, compra de votos, robo de urnas, agresiones, fraudes electorales, etc. Pero donde más nos hemos igualados, es en la forma de gobernar, a tal punto, que hasta en la falta de transparencia ya somos iguales.
Nos igualamos a los otros partidos y lo estamos pagando de la peor manera, no sólo porque tengamos algunos dirigentes encartados en el proceso de ODEBRECH, otros señalados por el rumor, sino, porque perdimos el respeto, la confianza y la consideración del pueblo dominicano, al mismo que habíamos conquistado con un discurso de moralidad, orden, disciplina y transparencia, y en todo esto hemos fallado.
Debemos volver a los orígenes del PLD si queremos gobernar hasta el 2044, como señalara el presidente Leonel Fernández; debemos volver a la disciplina, a los principios, a la transparencia, a la ética, y al compromiso social, pues no hacer lo que el maestro Juan Bosch nos enseñara, es una expresión de que nunca creímos en su sapiencia y capacidad política. Es una expresión de irrespeto a su memoria que nos convierte en una organización indigna de su nombre, de su emblema y de su lema, “servir al partido para servir al pueblo”.

 

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