Con frecuencia escuchamos personas de diferentes extractos sociales y formación académica, manifestar su preocupación sobre el futuro del país ante el avance irrefrenable de comportamientos que se escenifican en núcleos importantes de la sociedad dominicana, que bien pudieran ser considerados como actos de barbaries.
Es notoria la cantidad de crímenes y actos reñidos con la Constitución, las leyes y las buenas costumbres, que suceden a diario en la sociedad dominicana sin distinción de clases sociales, formación académica, confección religiosa, ni ideología política; lo que nos lleva a cuestionar el papel desempeñado por las generaciones precedentes en la formación de esta generación de dominicanos que cohabita en todo el territorio nacional.
Hemos visto con estupor exhumar un cadáver de su tumba y decapitarlo, hecho ocurrido en la comunidad de Sabana grande de boya, una madre y su hijo en San Francisco de Macorís ponerse de acuerdo para asesinar a una niña embarazada, en Santiago de los Caballeros un padrastro que viola y mata a su hijastra, en Santo Domingo un sacerdote que elimina a su compañero sentimental, dos jueces y otros tantos profesionales involucrados en la fuga de un individuo (quirinito) sentenciado a 30 años de prisión por la comisión de diversos crímenes, el asesinato del ex rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) el Dr. Mateo Aquino Febrillet de parte de un compañero de partido, el caso del presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos FED (Yimi Zapata) acusado de estafar a otros compañeros de la universidad con la falsificación de documentos para viajar a los EE.UU; y para para completar la copa, ahora nos estrujan en la cara el horrendo y vergonzoso crimen del profesor universitario Yúniol Ramírez, en fin. Son innumerables los hechos que se vienen dando en todo el país y de distintas naturalezas, que nos hace pensar que la sociedad dominicana está enferma, que está padeciendo una crisis profunda de valores.
Ante este panorama sombrío son muchos los dominicanos que se preguntan sobre la calidad el capital humano de la patria de Duarte y Luperón heredado de las generaciones anteriores. ¿qué fue lo que sembraron las generaciones pasadas que ahora estamos cosechando? Como reza el refrán popular: sembramos vientos y estamos cosechando tempestades. De acuerdo con las siembras del pasado reciente hoy estamos cosechando una sociedad envilecida por el consumo de drogas, miles de jóvenes muertos en hechos criminales, una generación de “cretinos” funcional consecuencia de una educación deficiente, una pandemia de niñas embarazadas, aumento exponencial del crimen, la violencia ciudadana e intrafamiliar y la corrupción generalizada como principal valor cultural de la sociedad dominicana.
Este cuadro dramático que se describe precedentemente nos lleva a pensar en el papel que ha estado jugando la educación formal e informal en la formación y construcción de los ciudadanos del país. Si nos referimos a la educación informal, es necesario que se analice el rol desempeñado por la familia y los medios de comunicación en la construcción de la actual generación de dominicanos y dominicanas que integran el espectro demográfico de nuestra adorada Quisqueya; pero si se analiza la educación formal nos llevaría a navegar en el sistema educativo nacional, sobre todo el papel que han desempeñados sus líderes en la construcción de ciudadanos con valores.
El deterioro moral e intelectual que padece la educación formal de la república dominicana nos hace recordar con nostalgia a grandes maestros, como Eugenio María de Hostos, Socorro Sánchez, Pedro Henríquez Ureña, Ercilia Pepín, Manuel Arturo Pena Balle, entre otros; pero algo sucedió que castró y desvirtuó ese proceso virtuoso, para legarnos a la generación del presente, un estercolero moral e intelectual que conduce a la sociedad dominicana hacia un precipicio del que nos costaría siglos de trabajo continuo para recuperarnos y ponernos a la altura de aquellas naciones que hoy exhiben con orgullo sus logros alcanzados en cuanto a desarrollo social, económico, tecnológico, científico, buen gobierno y calidad de vida.
Una de las áreas de la sociedad donde ha tenido mayor impacto el deterioro moral de la familia, los medios de comunicación y el sistema educativo es justamente en la política, forjando generaciones de políticos carentes de valores cívicos y éticos, lo cual se refleja en el ejercicio de sus funciones, ya que una vez tienen la oportunidad de dirigir un estamento del Estado se corrompen, haciendo uso indebido de los recursos que administran o dirigen. Una mala gestión en la administración de la cosa pública impacta negativamente en la familia y en la educación, procreando generaciones de ciudadanos carentes de valores, convirtiéndose en un círculo vicioso.
Así sucede cuando una niña pobre menor de edad de cualquier barrio o campo del país es embarazada por algún desaprensivo, el niño que surge de esa situación viene a reproducir las mismas condiciones materiales que le dieron origen, y así sucesivamente, vamos pasando de una generación a otra de personas carentes no sólo de riqueza material, sino, además, carente de los más elementales valores humanos, cívicos y éticos, generando una sociedad cada vez más pobre, más ignorante, menos saludable, más insegura y más violenta, como la estamos percibiendo hoy.
En ese tenor, es importante velar porque desde la familia, los medios de comunicación y la Escuela, se produzca la generación de hombres y mujeres que a mediano y largo plazo dirijan los destinos del país, mientras a corto plazo se seleccionen, se designen o se elijan para dirigir los estamentos del Estado a personas con un reconocido perfil ético y compromiso social. Dependiendo de la calidad humana, profesional, técnica y moral de los hombres y mujeres que dirijan la nación, así será su impacto en la sociedad dominicana. Consecuentemente con políticos capaces y honestos dirigiendo los destinos del país, tendremos una sociedad educada, saludable, prospera, equitativa, segura, pacífica y feliz.
Con todos los síntomas que viene presentando la sociedad dominicana se puede colegir que la misma está muy enferma, pudiéramos decir que esta grave y, como todo organismo enfermo se le debe aplicar el tratamiento que amerita, de ahí que recomendamos que la misma sea sometida una profilaxis moral o quizás un exorcismo ético, y quien sabes si sea necesario intervenirla quirúrgicamente para hacerle un trasplante de cerebro y corazón.
Connotados estudiosos de la administración pública y privada coinciden en afirmar, que para que una institución de la naturaleza que fuere pueda avanzar y desarrollarse, es determinante la función del líder, ya se trate de una familia, un equipo de beisbol, un sindicato, una iglesia, un partido político, una empresa pública o privada, hasta el propio Estado. Lo que significa que es responsabilidad compartida del liderazgo nacional el estado mórbido y el deterioro moral y material por el que se encuentra atravesando nuestra amada y adorada patria; Así como recurrimos a los mejores especialistas de la medicina cuando presentamos cualquier síntoma de enfermedad, de igual manera debemos avocarnos a identificar, cual o cuales deberán ser los líderes que como buenos médicos, pudieran recomendar y aplicar el tratamiento necesario para la sociedad dominicana que languidece como consecuencia del flagelo de la criminalidad, la corrupción, la inseguridad, la inflación, el desempleo y otros males sociales.

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