Porque:… Si no te han tumbado
De frente, cuídate los costados.

Nos hemos opuesto y nos opondremos
Siempre a los privilegios, al robo, a la
Persecución, a la
Tortura.
Prof. Juan Bosch.-

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira.
“Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta”. Sin importar las condiciones bajo las cuales las pronuncio el Prof. Bosch, a menos que el fanatismo político no permita concebirlo, es indiscutible que lo dijo porque estaba convencido de sus principios. Ahora, después de tantos años, donde el tener principio y creer en cosas morales se ha convertido en ser un pendejo, me apego a este pensamiento del Profesor, con todo y me sigan catalogando como rosca izquierda, por no transigir en lo que creo y pienso. Total, es mejor que te califiquen de esta manera y no de indelicado e ineficiente.
Complacer al Poder con el silencio, nunca ha sido el mejor aporte a la convivencia pacífica y solo se llega a crear monstruos, que más tarde o temprano hacen derramar la sangre inocente de todos aquellos que no se plieguen a las insaciables fauces nauseabundas que se dejan dominar por las tentaciones que emanan de un poder mal manejado.
Por doquier lo vemos, muy a pesar de que es algo normal en cualquier esfera viviente. Pero lo natural es que esto ocurra por tiempo limitado y no se repita continuamente, pero la entropía que vivimos como pueblo, ya nos está pareciendo como algo cotidiano. Y es que los políticos funcionarios o viceversa, si fueran más honestos en su oratoria y su accionar, admitiendo sus manifiestas debilidades e ineficiencias en sus desempeños, al final, al momento de exponer sus fortalezas, ideas o intenciones, de seguro fueran mucho más confiables, más
Creíbles e inclusive, más digeribles.
Hoy sabemos, aun y muchos se tapen los oídos para no escuchar y los ojos para no ver, producto quizás del engreimiento, que el absolutismo no posee ningún mérito y más pronto que tarde, solo atrae el caos al sistema y una vez este hace su aparición, tal y como ha demostrado la historia, solo la sangre derramada logra contenerlo.

No poseo una bolita de cristal ni soy adivino, mucho menos lector de oráculo pero, me encanta decir que me pagan para tener razón y sé, porque lo sé, que el tenerlo todo dentro de una sociedad, manipularlo todo, presionar en todo, lo más que se llega es a la involución de la misma, a la deformación de los principios e ideales que le dieron origen, desarrollando un fanatismo político que cual alfombra roja que conduce al trono, se convierte en un camino expedito hacia las dictaduras.
Hay que subirse al ring y pelear con las herramientas que esta malograda democracia nos permite utilizar, pero no permanecer mutis, arrinconado y temblando por el miedo, porque; “Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática”. Que nos derriben con un solo golpe pero, si ya subimos al cuadrilátero, no podemos bajar así por así. Y no creo estar inventando nada nuevo, porque las apariencias conjugan todas las realidades.
Es imposible con argumentaciones baladíes, con trompetas, discursos de trinchera por parte de los inmortales dentro de cualquier partido político; con estadísticas basadas en alternativas llenas de premisas ciertas y otras tantas manipuladas, ocultar la falta de autoridad en todos los sentidos que se le puedan aplicar, desde el transporte, la seguridad ciudadana y la peor de todas, aquella de la que pocos osan referirse, pero que día a día es azotada sin consideración, tanto por los de fuera como los de adentro, mientras los llamados a ponerle freno, malgastan el tiempo justificando su manifiesta ineficacia y es, la seguridad de nuestras fronteras.
Si continuamos así, ni seremos Bolos; ni Azules, ni Rojos, ni Morados, solo una amalgama de cosa, donde las próximas generaciones, aquellas que aun ni sus padres han nacido, vivirán con una deuda heredada, en una desgraciada Torre de Babel. ¡Sí señor!

No aceptamos comentarios ofensivos, El Verificador promueve el debate de ideas como herramienta que fortalece la vida democrática.

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