Porque…”En el fondo de todos los errores,
Está siempre la soberbia y el orgullo”
Nuestros antagonistas nos ayudan
A la lucha que nos fortalece a
Agudizar nuestras habilidades.
E. Burke.-

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira.

Inexorablemente somos un conglomerado de personas a expensas de los caprichos y ambiciones de un grupo muy reducido. Esta aseveración no es una expresión fortuita ni mucho menos producto de un exabrupto sino, de un largo periodo observando del cómo las cosas importantes que sostienen nuestra existencia de Nación, se han ido tirando a un basural que terminará por consumirnos a todos.
Si por un instante nos detuviéramos a pensar sobre la grave situación ética e institucional que nos agobia, por lo menos nos llevaría a reflexionar y preguntarnos ante tantas evidencias sonoras y físicas “¿Por quién están doblando las Campanas?” y la respuesta la encontraríamos de inmediato, de que las mismas doblan por nosotros. Todo pasa y nada nos mueve para actuar como pueblo, a manifestar nuestro disgusto ante el camino de atrocidades morales, éticas e institucionales que vemos en nuestro diario vivir.
Y es que quizás, muy a pesar de tener tantos “lideres”, políticos y “honorables” a granel, en la realidad son sólo caretas de vendedores de ilusiones, magos del engaño y las manipulaciones donde nada más prima el interés particular de todos y cada uno de ellos. Verbigracia, el caso del Doctor Mella en el IDSS, una manifestación clara del desprecio por la institucionalización y los intereses del país y sobre todo, de los más necesitados, sí, esos mismos que mantienen en un estado de pobreza y de una “solidaridad” tal, que los hace creer que en realidad están viviendo.
Una inmensa mayoría sospecha sobre la existencia de una terrible e insaciable mafia que se ha desarrollado alrededor del negocio de los combustibles pero, nada pasa. No aparece un real líder que dirija con su tilín talan al pueblo hacia los buenos pastizales. Nadie agrupa, no para atentar o complotar contra el gobierno o la democracia, sino, todo lo contrario. Fortalecerlos a ambos mediante la exigencia del cumplimiento de las leyes y la administración pública como razón principal para lo cual fueron elegidos y designados.

Pero esto, hacerlo sin el miedo que se percibe para ejercer el mando, sin el temor que los está obligando a dialogar, consensuar o consultar para hacer cumplir las leyes, porque el consenso se puede buscar para la elaboración de las mismas pero, no para su cumplimiento. Y es que a diario vemos como la inercia para aplicarlas hace hasta temblar a los llamados a ejecutar y nosotros solo miramos, asentimos mientras nos azotan con soberbias mal encubiertas e indelicadezas, como esa del alocado encarecimiento de los combustibles para lo cual no hay argumentaciones valederas o al menos tengan alguna credibilidad
Y nosotros, calladitos y obedientes ante los actos de irresponsabilidad vergonzosas de funcionarios incapaces de lanzar dos o tres San Antonio que hagan temblar a los transgresores que ahogan este pueblo en la miseria, como la actitud adoptada con los intermediarios de los alimentos como el plátano, donde el productor los vende hasta en cinco pesos pero el pueblo los recibe hasta a veintidós.
Este problema de falta de autoridad, parece que se está convirtiendo en una plaga contagiosa dentro de los funcionarios del Estado y les aseguro que sin agallas no habrá gloria ni triunfo alguno que los enorgullezca por más bocinas que truenen y por más discursos con los cuales se pretenda ocultar los problemas. Fíjense si esta conducta es contagiosa, que hasta una semana de charlas y concientización en las calles como medida para hacer eficiente y seguro el transito hicieron, como si los pobres padres de familia hablan ese idioma pero, no dijo que estuviera mal, aunque hubiera estado mejor y más eficiente, si esto lo hicieran capacitando, no en bravuconerías a los Amet, sino en el conocimiento de la ley de tránsito, incluyendo la cortesía, que como todos saben, no quita lo valiente e inundaran la capital con grúas, esto es, ejercer el monopolio de la violencia, exclusivo del Estado. ¡Sí señor!

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