El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple un año en la Casa Blanca el 20 de enero. En tan poco tiempo su estilo diplomático ha causado mucha polémica a nivel nacional e internacional.
El sábado 20 de enero, Donald Trump cumple un año en la presidencia de Estados Unidos. Así como muchos quedaron sorprendidos cuando fue elegido contra todos los pronósticos como primer mandatario en reemplazo de Barack Obama, no son pocos los que han quedado estupefactos ante su forma de gobernar y manejar las relaciones diplomáticas.
Fiel a su estilo provocador, el mismo que siempre mostró ante la opinión pública cuando era un magnate famoso y aparecía en televisión desde los años ochenta en su país, Trump no cambió para nada su comportamiento al asumir la presidencia. Al contrario, transformó las normas y conductas asociadas al hombre que dirige los destinos de una de las naciones más poderosas del planeta.
Mensajes incendiarios en Twitter, actitud desafiante y visitas inesperadas
A punta de tuits y con el eslogan de “América (EE. UU.) primero”, Trump fue uno de los personajes más controvertidos y noticiosos del año 2017. Desde la primera semana de su mandato comenzó a derogar varias leyes y medidas impuestas durante la administración Obama como el retiro de EE. UU. del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés).
De igual forma, retiró a su país del histórico Acuerdo de París contra el cambio climático, amenazó con abandonar el acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015 y dio marcha atrás a la normalización de las relaciones con Cuba. Además, por cuenta de la amenaza nuclear de Corea del Norte mantuvo una lucha constante con su homólogo Kim-Jong un, a quien llamó en sus tuits como el “hombre cohete”.
Trump realizó dos giras internacionales a Europa y Medio Oriente en mayo, y a Asia en noviembre, donde se acercó a líderes cuestionados por los aliados tradicionales de Washington como Xi Jinping (China), Vladimir Putin (Rusia) y Rodrigo Duterte (Filipinas).
En diciembre, provocó una crisis en Medio Oriente al declarar a Jerusalén como capital de Israel, decisión rechazada por la ONU, y en los primeros días de 2018 llamó a Haití, El Salvador y otros países de África “agujeros de mierda”, según un artículo del diario The Washington Post.
Su falta de empatía ante crisis humanitarias como por ejemplo la que vivió Puerto Rico por los huracanes Irma y María entre agosto y octubre también fueron centro de críticas. Sumado a esto, sus enfrentamientos con los jugadores de la NFL a los que llamo “hijos de puta” por arrodillarse y no cantar el himno nacional, las polémicas con familias de militares caídos en combate o el hecho de no haber condenado la manifestación de supremacistas blancos en Chalottesville, Virginia que terminó con tres muertos.
Su mano dura en las políticas migratorias como la amenaza de construir un muro en la zona fronteriza con México, la finalización del programa DACA, que ha protegido de la deportación a 800.000 jóvenes indocumentados que llegaron al país en su infancia, y de las protecciones temporales (TPS) para haitianos, salvadoreños y nicaragüenses, así como un veto migratorio para prohibir la entrada a EE. UU. de los ciudadanos de seis naciones de mayoría musulmana.
También hubo otros ejemplos como la difusión de videos antimusulmanes en Twitter o su apoyo a Roy Moore, candidato al senado acusado de acoso sexual. Todo esto generó comentarios y reacciones de rechazo por parte de la clase política y de la sociedad estadounidense, así como en la comunidad internacional.
Como señaló Aaron David Miller, vicepresidente e investigador del Centro Internacional de Investigación Woodrow Wilson y autor del libro “The End of Greatness: Why America Can’t Have (and Doesn’t Want) Another Great President”, en un artículo para CNN: “Donald Trump parece no tener un filtro entre lo que piensa y lo que habla…no tiene guión y con demasiada frecuencia no aprecia plenamente las consecuencias de sus palabras”.
“Nuestros grandes presidentes eran en general hombres que guardaban sus pensamientos y sentimientos de forma privada y no los compartían con muchos otros, incluso mientras proyectaban grandes personalidades en el escenario nacional”, concluye Miller.
Enfrentamientos con sus asesores en la Casa Blanca
A nivel interno, Trump también tuvo enfrentamientos con sus asesores, como por ejemplo, el exportavoz Sean Spicer o el exdirector de comunicaciones Anthony Scaramucci, que apenas duró 10 días en el cargo.
También las explicaciones contradictorias de porqué despidió a Michael Flynn, su exasesor de seguridad nacional que se declaró culpable de mentir al FBI acerca de sus conversaciones con el embajador ruso en EE. UU., Serguéi Kisliak, o cuando despidió también a el exdiector del FBI, James Comey, que lideraba la investigación.
De igual forma, el fin de su relación con su antiguo jefe de estrategia, Steve Bannon, que desató una polémica por sus comentarios en el libro “Fuego y Furia: Dentro de la Casa Blanca de Trump”.
Apenas ha transcurrido un año del mandato de Trump, pero en apenas un cuarto de su período presidencial ya cambió las reglas de juego a su manera y seguramente siga haciéndolo en el tiempo que le falta por gobernar.

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