El ministro del Interior de Venezuela, Néstor Reverol, ha confirmado la muerte de Óscar Pérez, el piloto e inspector de la policía científica que saltó a la fama internacional al atacar desde el aire el Tribunal Supremo de Justicia de Caracas. Pérez fue abatido durante el intenso tiroteo desatado después de que las autoridades acorralasen a su grupo de sublevados, que dejó 8 muertos (5 miembros del grupo y 3 policías, así como al menos 5 heridos) y varios detenidos.
Durante el asedio, el propio Pérez publicó varios mensajes en Instagram, cada vez más dramáticos, en los que iba narrando lo sucedido. En los últimos aparecía con la cara ensangrentada. “No quieren que nos entreguemos, literalmente nos quieren asesinar. Nos lo acaban de decir”, dijo en su grabación final.
Venezuela se acostaba anoche sin conocer qué había sido de cada uno de los integrantes del grupo. “El cuerpo de Óscar Pérez, esté vivo o esté muerto, está secuestrado por la dictadura de Venezuela”, protestaba Gregory, un oficial del movimiento clandestino Soldados de Franela, en una entrevista con CNN. Este militar, amigo de Pérez, fue uno de los primeros en afirmar públicamente que había muerto. En las redes sociales circulan imágenes en las que se ven algunos cadáveres, uno de los cuales sería el del conocido sargento.
La indignación por su muerte es patente en plataformas como Twitter. Pérez, de 37 años y con más de 15 de experiencia castrense, paracaidista, buzo de combate y entrenador de perros policía, además de actor aficionado, se había convertido en una pequeña celebridad con sus vídeos personales de temática militar que colgaba en internet. En 2015 produjo y protagonizó una película de acción titulada “Muerte suspendida”, en la que criticaba el apoyo popular del que gozaban algunos “malandros” o delincuentes.
Pero su popularidad se disparó tras el ataque en helicóptero al TSJ, y la publicación de un vídeo en el que, rodeado por varios hombres encapuchados y armados, pedía a los venezolanos que se sublevasen contra el Gobierno de Nicolás Maduro. “Hacemos un llamamiento a todos los venezolanos, de oriente a occidente, de norte a sur, para que nos acompañen en esta lucha y salgamos a la calle en Caracas y en el interior del país para que nos reencontremos como hermanos con nuestras fuerzas armadas nacionales y juntos recuperemos nuestra hermosa Venezuela. En este día, estamos realizando un despliege aéreo y terrestre con el único fin de devolver el poder al cuerpo”, declaraba. Después de la operación aérea, Pérez pasó a la clandestinidad, reapareciendo de vez en cuando en acciones de homenaje a los manifestantes caídos durante las protestas, lo que le convirtió en una especie de Robin Hood de la oposición. Para el chavismo, en cambio, era simplemente un terrorista.

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