Por: Claudia Fernández
El pan integral supone un aporte de fibra y vitaminas adicionales al blanco, pero parece que esto no es una ventaja en sí misma.
La respuesta depende de quién. A unos el blanco les va mejor, a otros el integral. Así lo establece un estudio del Instituto Weizman de Israel divulgado en junio de 2017. Veamos:
La microbiota, el conjunto de microorganismos que conviven en nuestro tracto intestinal (comúnmente llamada flora intestinal) es parte vital de nuestra salud y la investigación de los israelíes fue con el fin de valorar el tipo de pan más saludable comparando los efectos sobre la salud humana del alimento blanco e integral, en función de sus efectos sobre el microbioma o conjunto de todos los genes de nuestra microbiota.
Concluyeron que no hay diferencias clínicamente significativas entre ambos productos.
Para realizar el experimento, indica el reporte del estudio, los investigadores separaron a los sujetos participantes en dos grupos: uno de ellos aumentó el consumo de pan blanco durante una semana alrededor del 25% de sus calorías y el otro hizo lo mismo con el trigo integral. Después de un periodo de dos semanas sin pan, repitieron el proceso invirtiendo sus dietas.
Antes del estudio y a lo largo del tiempo que duró, añade, los expertos midieron diversos parámetros: niveles de glucosa, minerales esenciales, colesterol, enzimas renales y hepáticas y varios marcadores de inflamación y daño tisular. Analizaron la composición de los microbiomas de los participantes.
Ninguno de los criterios valorados permitió asegurar que haya un pan más saludable.
Era de esperar que como la variedad integral aporta fibra y vitaminas que el blanco no tiene por perderse en el procesado de la harina, debía ser el más saludable pero los resultados fueron distintos. “En contra de nuestras expectativas, no hubo diferencias clínicamente significativas en los efectos de estos dos tipos de pan en cualquiera de los parámetros que medimos”, dijo Eran Segal, uno de los investigadores principales de la investigación.
Pero la cuestión iba más allá del pan propiamente dicho. Tenía que ver con el hecho de que cada persona tiene una respuesta glucémica diferente para una misma dieta, lo que ya ellos mismos habían descubierto por investigaciones anteriores.
“Al analizar los niveles de azúcar en sangre, observaron que aproximadamente la mitad de los participantes respondían mejor al pan de harina blanca procesado y la otra mitad al pan de trigo entero”.

Eso significaba un nuevo paradigma alimentario: Hasta ahora, los valores nutricionales de los alimentos se aplicaban por igual a todas las personas pero los resultados del estudio pusieron en primer plano la reacción individual.
“Los resultados apuntan hacia un nuevo paradigma: diferentes personas reaccionan de manera distinta al ingerir los mismos alimentos”, dijo Eran Elinay, otro de los científicos principales del estudio.
Elinay destacó que este estudio podría permitir “dar consejo a las personas sobre qué alimentos le serán más apropiados según su microbioma”.

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