Como si de un ciclón se tratara, las denuncias por abusos sexuales y los encubrimientos por parte de funcionarios y directivos llegaron esta semana a arrasar con la reputación de la ONG británica Oxfam –que opera en 90 países– y de paso con la de otras organizaciones como Médicos Sin Fronteras, International Rescue Committee y Save the Children, que por la magnitud de las denuncias se vieron forzadas a reconocer sus propios casos.


La punta del iceberg se avistó en Haití, donde, según reveló el periódico británico ‘The Times’, funcionarios y directivos de Oxfam contrataron a trabajadoras sexuales durante misiones de apoyo humanitario luego del terremoto que sacudió a la isla caribeña en 2010 y que dejó más de 200.000 muertos.
‘The Times’ tuvo acceso a un informe confidencial de la ONG en el que detallaba el resultado de la investigación interna que hizo del caso en 2011. En el documento se revela que Oxfam aceptó la dimisión de tres hombres y despidió a otros cuatro en el marco de unas pesquisas sobre “explotación sexual, descargas de pornografía, abusos de poder e intimidaciones”.
También se develó que uno de los hombres que abandonó su cargo y no recibió ninguna acción disciplinaria fue el entonces director de la ONG en Haití, Roland van Hauwermeiren, que según el diario admitió haber mantenido encuentros con prostitutas en una “villa” alquilada para él por la organización.
Pese a la confesión de Hauwermeiren, la directora ejecutiva de Oxfam en aquel momento, Barbara Stocking, ofreció al cooperante belga una “salida por fases y digna”, en lugar de despedirlo, para evitar “implicaciones potencialmente serias” para la reputación de la ONG, según dijo ‘The Times’.
A raíz del escándalo, Médicos Sin Fronteras –ONG internacional creada en Francia– reveló el miércoles que, solo en 2017, registró 24 casos de hostigamiento o abusos sexuales en su interior. Además, indicó en un comunicado que su dirección recibió 146 quejas o alertas, registro que es parcial, pues la ONG no incluye “los casos directamente administrados por los equipos en el terreno y no señalados a la sede” operativa de París.
Asimismo, International Rescue Committee (IRC) reconoció el mismo día haber tenido que hacer frente a tres casos de abuso sexual en la República Democrática del Congo, asegurando que informó a la policía y despidió a los implicados.
Actores imprescindibles
Y es que solo en Haití, las ONG trabajan desde hace décadas en múltiples sectores, incluso algunos dicen que llegan a sustituir al Estado, el cual, de golpe, también pierde el control de parte de las ayudas al desarrollo.

“Hablamos de 600 ONG presentes y hubo un aumento extremadamente importante de su presencia tras el terremoto del 2010: es evidente que muchas ONG trabajan sin estar inscritas en el Ministerio de Planificación”, reveló Camille Chalmers, economista haitiano.

Además, “ha habido un aumento en el flujo de ayuda bilateral y multilateral a través de las ONG, lo que los convierte en actores imprescindibles en el desarrollo de políticas públicas”, señala Chalmers.
“Este viene siendo el problema principal”, según analiza una fuente consultada por EL TIEMPO que ha pedido mantener su anonimato. “Los Estados dependen en demasía del trabajo de estas organizaciones, por lo que les dan casi que libre albedrío en su funcionamiento. Esto hace que tengan dinámicas y normativas casi que paralelas a las de los gobiernos y que escándalos como los de Oxfam, IRC y MSF parecieran proseguir casi que por el camino de la impunidad”, asegura.
Los Estados dependen en demasía del trabajo de estas organizaciones, por lo que les dan casi que libre albedrío en su funcionamiento
Por otro lado, también es de vital importancia el manejo que las ONG le están dando al escándalo. Para el abogado haitiano Mario Joseph, quien ha llevado a los estrados los casos de las víctimas, “Oxfam podría haber reaccionado mejor. El inconveniente de su enfoque radica en el hecho de no haber notificado a la policía los actos que violan la ley”.
Sumado a ello, según él, “la economía de las ONG y su asistencia vital han provocado que se distorsione su relación con las autoridades y las fuerzas del orden”. “Las ONG funcionan con más dinero que el Estado haitiano. La policía es impotente”, asegura Joseph. “Ellos vienen a apoyar los derechos de las mujeres, los niños y son ellos mismos los que, con el poder económico y aprovechando las debilidades en el país, cometen abusos o violaciones, sabiendo que hay impunidad porque el Estado no pide rendición de cuentas”, finaliza.
Ellos vienen a apoyar los derechos de las mujeres, los niños y son ellos mismos los que (…) cometen abusos o violaciones, sabiendo que hay impunidad porque el Estado no pide rendición de cuentas
Y sí, las renuncias de los responsables son una parte importante de esa reacción –como la de la directora adjunta de Oxfam, Penny Lawrence, quien presentó su carta el lunes pasado–, pero no son una respuesta suficiente ante la magnitud del problema.
Como si no fueran pocos los escándalos, Juan Alberto Fuentes, quien ejercía la presidencia de Oxfam Internacional, fue detenido en Guatemala el 13 de febrero, acusado por actos de corrupción en la época que fue ministro del gobierno de Álvaro Colom, entre 2008 y 2012.
“Las políticas de protección existen desde hace tiempo en el seno de Naciones Unidas y la mayoría de las ONG también, pero en los casos de explotación y abuso sexual sigue siendo un problema el poder lanzar la alerta sin sufrir personalmente” las consecuencias, asegura la responsable de una organización humanitaria en Haití.
De ahí que el presidente haitiano, Jovenel Moise, escribiera en Twitter que lo sucedido con Oxfam en Haití “es una violación extremadamente grave a la dignidad humana” y refirió que “no hay nada más escandaloso y deshonesto que un depredador sexual que utiliza su posición como parte de la respuesta humanitaria a un desastre natural para explotar a las personas necesitadas en sus momentos de mayor vulnerabilidad”.
El arzobispo sudafricano y premio nobel de paz Desmond Tutu decidió renunciar el jueves a su papel de embajador de Oxfam y se manifestó profundamente “decepcionado”.
El escándalo le ha traído a la organización varias pérdidas, entre ellas 4.100 socios en Europa, el reproche del pueblo haitiano y el tener que pactar su renuncia a fondos del Gobierno británico hasta que se aclare el embrollo y se garantice que la ONG cumple estándares éticos.

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