Pedro Pablo Kuczynski salió por la puerta de atrás. Los esfuerzos que hizo por mantenerse en la presidencia de Perú no le bastaron para tapar los escándalos que lo venían asediando casi que desde que comenzó su mandato en julio del 2016, e incluso antes, al estar vinculado con un Gobierno investigado por corrupción como lo es el de Alejandro Toledo (2001-2006), en el que ocupó los cargos de ministro de Economía y presidente del Consejo de ministros.

Ahora, el primer vicepresidente, Martín Vizcarra, hasta este miércoles también embajador en Canadá, es el llamado a remplazarlo en el cargo luego de que a través de un trino escribió que se “pone a disposición del país” para respetar “lo que manda la Constitución” (véase perfil, página siguiente).
Estoy indignado por la situación actual,como la mayoría de los peruanos. Pero tengo la convicción que juntos demostraremos una vez más que podemos salir adelante.
Por ello, regreso al Perú para ponerme a disposición del País, respetando lo que manda la Constitución.#ElPerúPrimero
La Carta Magna peruana contempla que en caso de renuncia o vacancia, asumirá el primer vicepresidente. Si este no acepta, lo hará el segundo vicepresidente, o, en su defecto, el presidente del Congreso. Si asume cualquiera de los dos primeros, podrán terminar el periodo constitucional, que va hasta el 2021. Si es el presidente del Legislativo, tiene que convocar nuevas elecciones. Pero el trino de Vizcarra dejó entrever que aceptará la designación.
Las últimas horas del ahora exmandatario estuvieron marcadas por duras presiones por parte de la oposición liderada por Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, quien reveló el martes a eso de las 7 de la noche unos audios y videos del ministro de Transporte, Bruno Giuffra, junto a Kenji Fujimori –hermano de Keiko–, intentando comprar el voto de congresistas a cambio de favores políticos para que no se lograra el número requerido (87) para efectuar la primera moción de vacancia del presidente, en diciembre pasado.
Por supuesto, las revelaciones tuvieron su efecto dominó e hicieron virar la opinión de los diputados que no estaban seguros de si votar a favor de la destitución de Kuczynski, quien, señalado de mentir respecto a sus relaciones con la multinacional brasileña Odebrecht, parecía más fuera del cargo que en él, a tres semanas de la Cumbre de las Américas, de la que Perú es el anfitrión (véase nota alterna).
Ante ese escenario, en el que con toda seguridad iba a ser humillado hoy en su defensa ante el Congreso pues ya la oposición decía tener más de 100 votos de los 87 requeridos, prefirió adelantarse y anunciar su dimisión: “Frente a esta difícil situación que se ha generado y que me hace injustamente aparecer como culpable de actos en los que no he participado, pienso que lo mejor para el país es que yo renuncie a la presidencia de la República”, dijo PPK en un mensaje grabado y transmitido en diferido por televisión unos minutos después.

Ya Kuczynski había eludido un primer intento de destitución el 21 de diciembre en el Congreso, que lo señalaba por sus lazos con Odebrecht siendo funcionario del gobierno de Toledo. En esa ocasión, una disidencia de legisladores opositores del partido fundado por el expresidente Alberto Fujimori y liderada por Kenji, el menor de los Fujimori, inclinó la balanza a su favor. A cambio, poco después, PPK ordenó el indulto del viejo exmandatario, que cumplía una condena de 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos.
Pese a haber salido airoso en ese momento, la mayoría de los peruanos se confesaron a favor de su renuncia –de acuerdo con sondeos– y su popularidad no cesó de caer. La firma Ipsos reveló la semana pasada que el 58 por ciento de los peruanos creía que Kuczynski debía ser destituido, contra un 37 que estimaba que debía terminar su periodo en el 2021.
Kenji Fujimori
Foto del video publicado por el partido Fuerza Popular en el que se ve a Kenji Fujimori ofreciendo obras al legislador Moisés Mamani, para que vote en contra de la destitución del presidente PPK.
Después del anuncio, los ministros presentaron su renuncia y el exmandatario dijo que espera una transición constitucional y ordenada para superar un clima de “ingobernabilidad” por la constante confrontación con el Congreso. PPK ganó la presidencia, pero no tenía mayoría en el Legislativo.
“Es importante para nuestra nación que nos avoquemos a las reformas políticas constitucionales que nos permitirán no volver a pasar por este difícil trance y poder así iniciar un nuevo capítulo hacia el progreso y la justicia”, dijo Kuczynski, en alusión a lo fácil que es destituir a un mandatario en el país.
Por su parte, los líderes del Congreso peruano acordaron el miércoles debatir la renuncia del presidente este jueves y votar el viernes si la aceptan, según informó el jefe del Legislativo, el opositor fujimorista Luis Galarreta
Es importante para nuestra nación que nos avoquemos a las reformas políticas constitucionales que nos permitirán no volver a pasar por este difícil trance
Horas después, el diario La República de Perú reveló que el Equipo Especial del Ministerio Público para el caso Lava Jato solicitó el impedimento de salida del país contra Kuczynski. Esto mientras evolucionan “las pesquisas donde se encuentra involucrado por presunto tráfico de influencias y lavado de activos”, aseguró el medio.
La maldición Odebrecht
Este episodio deja a un país dolido y resentido. Las mentiras del presidente que prometió acabar con la corrupción sobre sus vínculos con Odebrecht cuando era miembro del Gobierno de Toledo –sobre el que pesa también una orden de extradición por haber recibido 20 millones de dólares de la constructora brasileña– terminaron por cavar su tumba política.
Odebrecht reveló que había pagado casi 5 millones de dólares por asesorías a empresas ligadas a Kuczynski cuando era ministro, lo que él siempre había negado. La constructora admitió, además, que hizo aportes de campaña en 2006 y 2011 a los últimos cuatro ocupantes del sillón presidencial peruano, incluido Kuczynski, y Keiko Fujimori. Por ello, para los analistas, Kuczynski no tenía ninguna posibilidad de superar la moción de destitución.

Por otro lado, según Gaspard Estrada, director de Observatorio Político de América Latina y del Caribe (Opalc) de la Universidad de Ciencias Políticas de París, “Perú revive sus viejos demonios que han desencadenado un rechazo a la clase política con un panorama político golpeado: un fujimorismo demasiado fuerte y partidos políticos muy poco estructurados”.
La historia política del Perú ha estado marcada recientemente por videos que han precipitado la caída de mandatarios inmersos en procesos de corrupción. El primer antecedente fue el de los ‘vladivideos’, cintas que guardaba el asesor de inteligencia del presidente Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, con los que chantajeaba y compraba la conciencia de amigos y enemigos. La filtración en el 2000 de un video en el que soborna a un congresista opositor llamado Alberto Kouri precipitó su caída en desgracia y luego la renuncia y destitución de Fujimori.
El otro antecedente es el de los ‘kenjivideos’ o ‘keikovideos’, que muestran cómo en diciembre pasado se prometieron obras públicas a cambio de un voto contra la moción de vacancia de PPK.

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