Porque:…”Cuando todos están equivocados,
Todos tienen razón”
Todo lo que somos, es el
Resultado de lo que
Hemos pensado.
Buda.-

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

Alicia en el país de las maravillas, un cuento; Republica Dominicana, una realidad; la política dominicana, una utopía; la crueldad de la verdad, otra realidad, es como puso Shakespeare en labios de Hamlet cuando se dirigió a Ofelia: “Antaño esto fue una paradoja, pero ahora el tiempo la ha resuelto”. Y es ahora cuando muchos vienen a darse cuenta de que esa gran masa de “Solidarios” y pobres padres de familia, beneficiarios por entero del trabajo y el pago de impuestos de la famosa clase media, -ya casi indigente-, porque, no están dentro de los millones y millones que han salido de la pobreza, constituyen el poder que nos mantiene atados a los caprichos y sueños idílicos de esta claque política.
Aterra pensar que esto sea cierto, que una masa de ignorantes y estólidos, que antes de ser conocidos como “Solidarios”, constituían la famosa carne de cañón, hoy, en medio de tantos “progresos”, sea temida y al mismo tiempo protegida, con el único fin de salvaguardar un voto sin reparos, sin exigencias que atenten contra los intereses particulares de los “Honorables”, entonces bien cabria cuestionar a la clase media que aún perdura; ¿Vale la pena hablar de votar?
¿Cuál de estos aspirantes a ser “honorables” se ha pronunciado en contra del apestoso negocio de los combustibles? ¿Cuál, al menos, de los que están ahora en el majestuoso y respetable palacio de los honorables se ha interesado por la revisión de la cuestionada ley, que trata sobre el precio de los carburantes? Ninguno, nadie habla de eso, quizás por desinterés o quizás, ¿por el exceso de muchos intereses? Todo es posible en este idílico país, donde el comportamiento ético-moral de muchos de estos políticos con relación al Estado Dominicano, es similar al accionar de los gusanos en un cadáver.

Pero el inexorable tiempo nos ha enseñado que en determinados momentos y circunstancias, aparece un ramalazo de viento que hace desaparecer el velo usado para encubrir la verdad. Lo cierto es, muy a pesar de lo que piensen los cerca de ¿18 millones? que han salido de la pobreza, indiscutiblemente que su opinión, dicho de otra manera, lo que creen saber para opinar, no es más que un error. Me parece conveniente subrayar, con respecto al paraíso que desconocíamos estar viviendo y ante tantas pruebas, permisividad e indolencia o falta de interés de estos “Honorables” y dirigentes que se han adueñado de todos los poderes, incluyendo los facticos, que como resultado de todo esto, se declarara esta promoción de políticos como; ¡Enemigos acérrimos de la dominicanidad!
De manera puntual me refiero a que no es una falsa percepción; no es un fanatismo nacionalista y mucho menos político, religioso o peor aún, un sentido xenofóbico o racista, no señor, dicho lo anterior, es una realidad que hasta las mismas autoridades, las mismas cobardes que se hacen ignorantes frente a la ciudadanía con su actitud y su elocuencia ambigua, llena de confusiones, ilusiones, inconsistencias y absurdos, en ocasiones crean situaciones para distraer la atención sobre el grave problema de la inmigración descontrolada, desconsiderada e irresponsable de nacionales haitianos.
Sé que nada de lo expuesto hasta ahora le quita el sueño a estos protagonistas de la irresponsable política dominicana, pero en cuanto a mí, solo deseo, que en las soledades del poder que tarde o temprano les llegará, tiemblen de miedo y solo entonces aquilatarán en toda su extensión el daño terrible que le causaron a la nacionalidad dominicana, al País, la Nación, a la Patria y que de todo eso, ellos serán los culpables. Y es que no se concibe que una persona llegue a un país a imponer sus reglas, sus costumbres, religión y hasta su comportamiento humano, si es que lo tiene.
En tanto, continúan dando “papeles”; la mafia sigue engrosando tanto en números como en recursos y, al parecer, el gobierno, en vez de ser nuestro, parece una marioneta bajo las directrices que proceden de fuera, incluyendo las propias autoridades haitianas. ¿Dudas? ¡Por mi parte, ninguna! ¡Sí señor!

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