El vertiginoso segundo mandato de Michelle Bachelet llegará a su fin este sábado con la entrega, por segunda vez, de la banda presidencial a Sebastián Piñera, un magnate conservador que recibirá la economía en pleno crecimiento.
Bachelet legará a su sucesor una batería de reformas –algunas inconclusas o en pleno trámite de aprobación– con las que intentó borrar los cimientos instalados por la dictadura y dotar a Chile de una mayor red de protección social.
Primera mujer en asumir la presidencia de Chile, en 2006, Bachelet deja su segundo gobierno con una popularidad en torno al 30 por ciento, muy lejos del 80 con el cual concluyó su primera administración.
Piñera, un empresario multimillonario, volverá a tomar el poder luego de un primer gobierno, entre 2010 y 2014, con un Congreso dividido –con la irrupción de la izquierda radical– y la presión de movimientos sociales dispuestos a profundizar las reformas que Bachelet dejó pendientes. El presidente “tiene trabado el Congreso. Va a haber mucha discusión, pero lo que intentará hacer es mostrar resultados desde la gestión. Más política pública que agenda legislativa”, aseguró Lucía Dammert, analista de la Universidad de Santiago.
Si la socialista lidió con la promesa de otorgar gratuidad en la educación superior, Piñera deberá administrar una ley educativa que aseguró estudios gratuitos para 300.000 estudiantes, una oferta muy lejos de ser universal.
Por otro lado, el sur de Chile mantiene un foco de tensión constante tras las reivindicaciones de tierras por grupos indígenas mapuches. El discurso de Piñera hace pensar que incrementará la presión, pues cree que detrás de una serie de ataques se encuentran grupos terroristas.
En lo social, Piñera –que prometió en su última campaña priorizar la economía– deberá abordar la agenda de derechos civiles y de género que puso en marcha Bachelet y definirá si acelera o congela la tramitación de la ley de matrimonio igualitario.

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