Por: Sergio Gómez Maseri
Sentada en la banca de la defensa, a pocos pasos de la jueza en una corte de Norristown (Pensilvania, EE. UU.) Angela Constand inclinó la cabeza y comenzó a sollozar en silencio.

Un poco más atrás en la sala, un grupo de mujeres estalló en un ruidoso llanto mientras el recinto entero se llenaba de aplausos. Y ya en la calle, una vez la noticia se propagó como pólvora, fueron decenas los que se unieron en abrazos.

Pocos minutos antes, el jueves pasado, un jurado compuesto por seis hombres y cinco mujeres acababa de declarar culpable a Bill Cosby, de 80 años, de tres cargos relacionados con asalto sexual que conllevan una pena combinada de hasta 30 años de cárcel.

El emotivo desenlace puso fin a uno de los casos más sonados de la historia reciente y, de paso, a la carrera de uno de los actores más populares y queridos que ha dado la televisión estadounidense.

El caso contra Cosby se remonta a enero de 2004, cuando conoció a Constand tras una charla en la Universidad de Temple, su ‘alma mater’.

Constand, de apenas 22 años, trabajaba para el equipo de baloncesto de la universidad y se acercó al comediante, entonces de 66 años, para buscar su asesoría. Ya en su casa, según el testimonio de Constand, este le ofreció dos pastillas para ayudarla a relajarse, pues se encontraba estresada por problemas laborales y personales.

La droga, dijo la mujer a la corte, la dejó totalmente incapacitada aunque consciente, mientras Cosby abusaba de ella sexualmente, sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

Un año después, y atormentada por el recuerdo, Constand decidió demandarlo penalmente. La Fiscalía, sin embargo, lo desechó por falta de pruebas.

Insatisfecha con la decisión, Constand llevó el caso a una corte civil en donde, en 2006, llegaron a un acuerdo “amistoso” en el que Cosby acabó pagándole una indemnización de 3,4 millones de dólares.

Aunque durante el proceso Cosby siempre negó el asalto, le reconoció al juez que en alguna ocasión había comprado drogas en el pasado para darles a las mujeres con las que pretendía tener sexo. Pero esa admisión quedó en secreto, pues las condiciones del acuerdo establecían que tanto el pago como el procedimiento eran confidenciales.

Si bien ya por la época se rumoraba que quizá Constand no era la única víctima, el caso se disipó rápidamente y no pasó a mayores, entre otras razones porque la acusación de Constand no se asemejaba en nada a la imagen de hombre bonachón que había cultivado Cosby en décadas.

Tanto que se lo conocía como el modelo de “papá estadounidense” por su rol en el ‘Show de Bill Cosby’, donde representaba a un hombre de clase media con una familia muy unida y ejemplar.

Costand, de hecho, fue presentada como una oportunista que se estaba aprovechando del estatus del reconocido actor para sacarle dinero.

Una nueva acusación
Pero todo eso cambio en el 2014, y de la manera más inesperada, cuando Hannibal Buress, un comediante de poca monta, trajo a colación las acusaciones contra Cosby durante uno de sus ‘shows’. De eso salió un video que rápidamente se volvió viral gracias a la explosión de las redes sociales en los últimos años.

Primero con cuenta gotas y luego como un torrente, mujeres de todas las edades comenzaron a acusar al actor de haberlas hecho víctimas de abuso sexual utilizando el mismo método que con Constand. En total fueron más de 60 las que dieron sus testimonios a diversos medios de comunicación.

La presión que eso generó fue tan grande que el juez en el proceso del 2006 decidió hacer público el testimonio que dio Cosby cuando admitió que les había suministrado drogas a otras mujeres. Esa pieza se convirtió en la prueba reina para reanudar el proceso criminal contra el actor.

En junio del año pasado, Cosby fue llevado a juicio. Pero, para decepción de sus supuestas víctimas, el jurado no se puso de acuerdo y lo absolvió
Las autoridades se inclinaron por insistir en el caso de Costand, pues era el único en el que todavía no había expirado el estatuto de limitaciones, que en EE. UU., para el caso de abusos sexuales, es de 10 años. En junio del año pasado, Cosby fue llevado a juicio. Pero, para decepción de sus supuestas víctimas, el jurado no se puso de acuerdo y lo absolvió.

Lo que siguió tampoco nadie se lo esperaba. Durante ese mismo verano estallaron las primeras acusaciones de abuso sexual que elevaron famosas actrices de Hollywood contra el productor de cine Harvey Weinstein.

Decenas de mujeres, inspiradas por su valentía, rompieron el silencio señalando del mismo crimen a actores, políticos y otras personalidades.

Eso dio paso al movimiento #Metoo (#YoTambién), que ha sido usado por millones de personas en el mundo entero para denunciar una cultura de abuso que lleva décadas en la que hombres han utilizado sus posiciones de poder para acosar y abusar sexualmente de las mujeres.

En ese nuevo contexto, los fiscales decidieron llevar a Cosby una vez más ante los estrados judiciales, y el resultado fue la condena conocida el jueves pasado.

De alguna manera, el caso Cosby puede considerarse el precursor del #MeToo, pues abrió una primera rendija y empoderó a cientos de mujeres para que contaran sus historias.

Pero, quizá más importante, la de Cosby se constituye en la primera condena criminal contra un famoso en la nueva era de este movimiento.

“Esto es solo el comienzo. Como Cosby hay cientos de otros que deben pagar por lo que hicieron. Nunca más volveremos a callar. Ojalá sirva para comenzar a desmontar esa cultura que por años nos hizo sentir culpables cuando éramos las víctimas”, le dijo a este diario Victoria Valentino, una de las mujeres que dijeron haber sido violadas por el actor.

Para Cosby el final no pudo ser más triste. Ni sus hijos ni su esposa o amigos lo acompañaron durante el juicio. Casi mudo, y con el rostro retorcido, encajó el veredicto que lo mandará a prisión por el resto de sus días. Ni sombra del hombre que llegó a la cima más alta de la farándula y era adorado por millones en el planeta.

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