Por: Juanita Samper Ospina
Pedro Sánchez, el nuevo presidente de España, es un hombre perseverante. Derrotado políticamente varias veces, se ha sacudido y vuelto a levantar. Ahora, finalmente, sustituye al conservador Mariano Rajoy, luego de ganar la moción de censura que impulsó, motivado por la corrupción del Partido Popular (PP), en el poder desde 2011.
Sánchez es el primer líder político que tumba a un presidente con una moción de censura en la democracia española. En poco más de un año reconquistó el Partido Socialista (Psoe) y llegó al máximo cargo del país. Ello, sin haber ganado unas elecciones y con un pésimo registro de su partido en las encuestas.

El nuevo presidente vive ahora un momento dulce, pero ha enfrentado numerosos obstáculos y es posible que su paso por el poder sea difícil.

En diciembre de 2015, cuando España atravesaba un período sin gobierno porque ninguno de los candidatos sumaba la mayoría de votos necesaria para su investidura en el sistema parlamentario, el rey Felipe VI le pidió formar una coalición que lo llevara a la presidencia. Sánchez intentó pero no lo logró, y el Psoe quedó profundamente dividido.

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En octubre de 2016, cuando Rajoy trataba de hacer lo mismo, los barones del partido socialista se abstuvieron en la votación para facilitar su investidura. Sánchez, que no estaba de acuerdo con ese movimiento, se negó y renunció. Rajoy quedó presidente. Sánchez decidió empezar otra vez de cero, sin el apoyo de los dirigentes socialistas.

Volvió a la primera fila en mayo del 2017, cuando se enfrentó a Susana Díaz, presidenta de Andalucía y una de las figuras del partido, en unas elecciones primarias que ganó.

“Nadie podrá dudar de la voluntad de hierro de Pedro Sánchez”, dice la periodista política Elsa García de Blas. “La resistencia y la perseverancia son dos de los rasgos más relevantes de su perfil, que ha demostrado al enfrentar situaciones en las que tenía todo en contra”, agrega, y pone como ejemplo esa victoria. Para sus detractores se trata de simple ambición.

Desde entonces ejerció como secretario general del Psoe, partido que caminó agachado en las encuestas. Mientras sus números bajaban, subían los de Ciudadanos, partido emergente que quitó simpatizantes a los tradicionales.

Cuando Sánchez propuso la moción de censura hace poco más de una semana, pocos creyeron que lograría sumar los votos necesarios para tumbar a Rajoy, que había aguantado arremetidas tan fuertes como la declaración unilateral de independencia de Cataluña.

La resistencia y la perseverancia son dos de los rasgos más relevantes de su perfil, que ha demostrado al enfrentar situaciones en las que tenía todo en contra
Con 46 años, estudió Economía en la Universidad Complutense de Madrid y siguió un doctorado en Economía de Empresa en la Universidad Camilo José Cela. Hizo dos másteres: uno en Economía Política Europea en la Universidad Libre de Bruselas y otro en Liderazgo Público en la Universidad de Navarra.

Fue asesor del Parlamento Europeo y jefe del Gabinete del Alto Representante de Naciones Unidas en Bosnia, y es profesor asociado de la Universidad Camilo José Cela.

Fue concejal de Madrid y congresista. Era prácticamente un desconocido en la política hasta que hace cuatro años fue elegido secretario general de su partido para suceder a Alfredo Pérez-Rubalcaba, ministro estrella del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin embargo, Sánchez lo tendrá difícil para gobernar ante los reclamos de la izquierda radical de Podemos, los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. Con 84 diputados, el Partido Socialista de Sánchez no solo está muy lejos de la mayoría absoluta (176 escaños), sino que además será minoritario en la coalición de ocho fuerzas políticas que lo ha llevado al poder, integrada en total por 180 legisladores.

La legislatura termina a mediados de 2020, pero analistas pronostican elecciones anticipadas de aquí a un año. Hasta entonces, las iniciativas exitosas de Pedro Sánchez serán aquellas en “las que tiene posibilidad de conseguir una mayoría fácil”, por ejemplo la reforma de la ley de seguridad, tachada de “liberticida” por la izquierda, vaticina Fernando Vallespín, politólogo en la Universidad Autónoma de Madrid.

Sánchez ha prometido que tendrá “como principal prioridad cumplir con los compromisos europeos”, en particular la reducción del déficit, y “ejecutar los presupuestos generales del Estado para 2018”, confeccionados por el gobierno de Rajoy. Una línea que puede chocar con la de Podemos, cuyo líder, Pablo Iglesias, insiste en una “política social”.

Iglesias quiere además meter en el gobierno de Sánchez a miembros de su partido, nacido de la denuncia de la impopular política de austeridad acometida por Rajoy y su gobierno en respuesta a la crisis económica.

La decisión de Sánchez de no tocar los presupuestos, pendientes de trámite en el Senado y rechazados inicialmente por los socialistas, fue en gran medida un gesto dirigido a obtener el apoyo del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Con esto quedan a salvo 540 millones de euros de inversión en infraestructuras en el País Vasco. Pero aun así, el portavoz del PNV en la cámara baja, Aitor Esteban, advirtió a Sánchez que tendrá “un gobierno débil”. El diálogo con los nacionalistas vascos podría resultarle difícil de gestionar a Sánchez.

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En cuanto a Cataluña, Sánchez se ha comprometido a “tender puentes” con el nuevo gobierno regional independentista de Quim Torra, al que hace escasos días tachó de “supremacista”. “Seguramente esta va a ser la línea de ataque de la oposición de derechas (…), por lo tanto, el gobierno de Sánchez ha de ser muy prudente”, estima Joan Botella, politólogo en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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