El mayor experto de la ONU sobre los derechos humanos en Corea del Norte, Tomas Ojea Quintana, pidió hoy a Pionyang amnistiar a los prisioneros en los campos de detención como gesto de buena voluntad de cara a las próximas negociaciones sobre desnuclearización con Estados Unidos.

Los primeros liberados deberían ser los prisioneros políticos y todos aquellos detenidos de forma arbitraria, precisó el experto en una conferencia de prensa en Ginebra, en la antesala de la histórica cumbre del día 12 entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente estadounidense, Donald Trump.

En vista de la cerrazón que ha mantenido el régimen de Pyongyang frente a cualquier mirada exterior sobre lo que realmente ocurre dentro del país, se desconoce el número de prisioneros en esos campos, pero una investigación internacional independiente los cifró entre 80.000 y 120.000 en 2014.

Ojea -quien recibió de la ONU la misión de hacer el seguimiento de los derechos humanos en Corea del Norte, aunque el Gobierno le niega la entrada al país y cualquier cooperación- dijo que el diálogo que se abre con Pyongyang será un oportunidad única para poner el tema de los derecho y libertades del pueblo sobre la mesa.

“Si los derechos humanos no se discuten sería un mensaje equivocado”, opinó el argentino, aunque dijo que este delicado tema debería abordarse durante el proceso de negociaciones del que se espera que la reunión de Singapur sea solo el inicio, y no necesariamente en ese primer encuentro.

“En algún punto del proceso, de las reuniones que vengan, se debería abordar la situación de derechos humanos”, insistió, tras señalar que no debe considerarse que tratar esta temática -de cariz eminentemente político- supondría una dificultad añadida a las negociaciones nucleares.

“No creo que hablar de derechos humanos afecte las conversaciones sobre desnuclearización. Todo lo contrario, daría a Corea del Norte credibilidad sobre su intención de asumir compromisos con la comunidad internacional”, agregó.

Los campos de prisioneros en Corea del Norte son lugares donde se practica el trabajo forzado y donde los internos sufren diversos tipos de abusos, incluyendo torturas, según denuncias de diversas organizaciones de derechos humanos.

Ojea dijo que la liberación de prisioneros por la que aboga podría ser gradual, pero no precisó si cree que esos campos deberían clausurarse.

En un caso que guarda ciertas similitudes, Birmania ofreció el “perdón” y liberó a miles de presos políticos en 2014, lo que fue uno de los pasos más significativos en la etapa inicial de cambios políticos positivos en ese país, recordó el experto de la ONU.

Asimismo, planteó que a lo largo del diálogo entre Corea del Norte y EE. UU. se aborde también la situación humanitaria de la población y en particular las restricciones en el acceso a los alimentos.

Se estima que 10 millones de norcoreanos necesitan actualmente ayuda humanitaria.

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