Porque:… Creer en la bondad de un
Político, es un virtual suicidio.

Las democracias se sustentan en
Verdades y realidades. Las
Dictaduras, en mentiras y
Temores.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
No son los mismos tiempos, por lo cual la educación de los jóvenes no puede ser igual que antes, aun y sin lugar a dudas, deben permanecer los buenos principios, la bonhomía y el buen querer que han existido por siempre por encima de la transitoria moral.
Y que bueno sería que en la misma medida de los adelantos tecnológicos y del conocimiento, todos aquellos agraciados con el don de la inteligencia, cada día, comprendan más esos cambios; que ya no se agarran los perros con longaniza; que es cierto aquello de que el “Don”, al igual que “La Palabra” del hombre, yacen moribundos en las gavetas de los corruptos e indelicados, donde es prácticamente imposible verlo o escucharla y que con todo y todo, continúan siendo claves entre los hombres y mujeres de buen vivir.
A esas cosas, están viviendo de espalda los políticos, los cuales están creyendo, si bien es cierto y real, que miles de votos se obtienen siendo “Solidarios” o “mochileros”, donando funditas de comida –aún y provengan del gobierno- se han llegado a creer, que todos los votos del pueblo se conquistan por este medio o peor, menospreciando su inteligencia.
Es lo que hacen al decir que “si el pueblo quiere reforma, eso tendrá” y eso está bien aunque, ¿a qué pueblo o parte de él se refieren? ¿Qué el pueblo quiere reforma? ¡Claro que sí! Por ejemplo; ¿han pensado si este pueblo se sentiría mejor si todos los que ejercen su “representación” renunciaran? Tarea ímproba seria esto, una pura utopía, que el solo creer en ella, nos traumatizaría esperando y esperando lo que no ha de venir, lo que no se verá por motus proprio de estos “honorables”. Sin poner en dudas que soportar por mucho más tiempo esta situación, es una retoma casi venenosa, en tanto este pueblo continúe esperando un mesías, un predestinado, que tampoco ha de llegar.

La falencia predomina en todo lo que escuchamos y hasta en el accionar de estos políticos. El abrogarse o arrogarse principios se ha hecho lo común y todos los demás tienen que permanecer en silencio. Desde “El Principal” hasta el más mísero guardaespaldas, violan las leyes a diario sin que exista el instrumento o los ejecutores que los obliguen a obedecerlas, comenzando por las medalaganarias y privilegiadas leyes de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, que son violadas sin empache alguno y, todo continua normal, sin temor a las debidas sanciones.
El 4% para la Educación ahora se jactan del progreso alcanzado, hasta el momento que se comparan beneficios versus costo. Y es que la entropía se arraigó desde el primer instante de esos empeños por hacer escuelas, mejor dicho, edificios, y en donde además, nuestros distinguidos y sacrificados “honorables” han tenido que hacer uso de sus “ahorros” para proporcionarles hasta “Mochilas” a los estudiantes de “bien adentro”. Y en cuanto a todo lo demás, queda mucho por decir, incluyendo claro está, la capacitación de los maestros.
En tanto el gobierno se jacta de sus “logros” en este renglón, “Villa Verde”, su escuela y cancha, deberían ser un referente de cómo se castiga el derroche del dinero destinado a la Educación pero, como todo, nada pasó ni pasará, ya que el ingeniero no tuvo la culpa; quien supervisó menos, y de quien….¡Je, mejor ni hablar! Es algo parecido a las tan cacareadas “Visitas Benefactoras o Sorpresas”, lo mismo da, póngale como le guste pero, si las mismas han sido un “logro”, entonces, los funcionarios encargados de cada área visitada, han sido un fracaso, así nomás.
Por todo, esto parece más bien una dictadura que una democracia y si es esto último, entonces es una purulencia casi total en toda su estructura. En tanto, crecen los “Solidarios” y sus “esperanzas”, sin hacer caso aquel aforismo que reza: “Si los deseos fueran caballos, los pobres cabalgarían”. ¡Sí señor!

No aceptamos comentarios ofensivos, El Verificador promueve el debate de ideas como herramienta que fortalece la vida democrática.

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