Movimiento de mujeres #EleNão hace campaña en contra del aspirante presidencial de extrema derecha.
Por: Gloria Helena Rey
Más de tres millones de votantes brasileñas están indignadas y en pie de guerra contra la candidatura de Jair Bolsonaro, a quien, además de misógino, machista, racista, homófobo, xenófobo e ignorante, lo consideran una amenaza para la joven democracia de 33 años de su país.

Pero lo más peligroso no es solo eso. “Cada vez que habla o aparece en público crea un ambiente tóxico que alimenta todas las violencias acumuladas, las hace aflorar y ahonda las divisiones en un país ya dividido como el nuestro. Emana y genera veneno social. No votaré por él. #EleNão”, afirma a EL TIEMPO la reconocida periodista internacional Diana Renee Brajtermam.

“#EleNão porque es un machista, él no porque es homófobo, él no porque es racista, él no porque es un revés para nuestra democracia”, dice en un video en su cuenta de Instagram la famosa cantante, compositora, bailarina y productora musical brasileña Daniela Mercury.

Junto con ella, otras figuras de la talla de Anitta, la mayor estrella internacional del pop brasileño, Gal Costa y la actriz Deborah Bloch y millones de otras mujeres están unidas contra Bolsonaro y, según pronósticos confiables, serán la gran fuerza que desintegrará su eventual victoria en las elecciones presidenciales del 7 o en la segunda vuelta del 28 de octubre próximos.

Las mujeres en Brasil representan el 52,3 por ciento del electorado, y si el movimiento que presiden crece y se consolida más, pulverizaría el favoritismo del 28 por ciento que le daban a Bolsonaro algunas encuestas de opinión, después de que fue acuchillado el 6 de septiembre durante un mitin electoral, incluso si llega a la segunda vuelta.

El desamor de las mujeres por el polémico candidato no disminuyó luego de ese atentado ni tampoco es gratuito, porque Bolsonaro las ha calificado públicamente de ignorantes; ofendió a la diputada Maria do Rosário, del Partido de los Trabajadores (PT), al decirle “vagabunda” y que era muy fea para ser violada. “No te violo porque no te lo mereces”, le dijo, despertando la ira y una gran indignación. Además, ha dicho que las mujeres no deben ganar igual que los hombres “porque se quedan embarazadas”.

El nombramiento del general Hamilton Mourão como su vicepresidente aumentó el rechazo que sienten las mujeres contra Bolsonaro, pues el nominado dijo que las familias pobres dirigidas por madres solteras y abuelas eran “fábricas de inadaptados”. El repudio aumentó cuando calificó el nacimiento de su única hija, entre cuatro varones, como “un momento de debilidad”.

Además, Bolsonaro no solo se ha declarado públicamente “admirador del mayor torturador de la dictadura militar brasileña, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ulstra, sino que lo homenajeó al declarar su voto por el impeachment contra Dilma Rousseff, a quien Brilhante Ulstra torturó cuando estuvo detenida por la dictadura militar”, recuerda a EL TIEMPO el analista internacional Mario Osava.

Frases suyas como “los gais son producto del consumo de drogas”, “el error de la dictadura fue torturar y no matar” y “los policías que no matan no son policías” han aumentado la irritación de las mujeres y de muchos otros sectores de la sociedad.

“Bolsonaro es de una pobreza mental y humana que indigna, ofende, lastima y avergüenza”, dice a EL TIEMPO la profesora Graca Mendonça, que también apoya el movimiento en su contra. Sin duda, “las mujeres serán decisivas en la derrota de Bolsonaro. El rechazo contra él es muy fuerte. Y no podría ser diferente, después de tantas declaraciones machistas y en contra de ellas”, admite Osava.

Menos del 10 por ciento del Congreso de Brasil lo integran las mujeres, y solo hay una mujer, Marina Silva, entre los 13 candidatos a la presidencia. Según registros, si las mujeres salen a votar el día de las elecciones, eso sería letal para Bolsonaro porque ningún candidato ha tenido hasta hoy tanto rechazo entre ellas y, por lo tanto, más que un obstáculo, el indignado voto femenino podría ser su guillotina.

Por sus reacciones y comentarios salidos de tono, Bolsonaro ha sido comparado con el presidente de Estados, Unidos Donald Trump y condenado en varias oportunidades a pagar indemnizaciones como la que les tuvo que entregar a Maria do Rosário y las comunidades negras, por afirmar sobre las últimas que “no sirven ni para procrear”.

Sin embargo, Bolsonaro ha dado a entender que dirá lo que se le antoje porque nada lo amedrenta, y “no serán la prensa ni el Tribunal Supremo quienes van a decirme cuáles son mis límites”. Como Trump, también ha intentado desprestigiar a los grandes medios de comunicación, a los que acusa de manipular sus declaraciones para atacarlo; sus seguidores han plantado noticias falsas y agredido a opositoras suyas y también intervenido el sitio oficial del movimiento #EleNão.

“Bolsonaro puede ser comparado con el fenómeno de Trump porque se erigió como el “auténtico” por decir groserías, expresar los prejuicios del sentido común y por ser políticamente incorrecto. Creció en las preferencias de voto porque apareció como el más anti-PT (anti-Partido de los Trabajadores, fundado por Lula) y por ser el más anti-político, aunque haya sido diputado por 28 años”, analiza Osava.

Explica que “quieren su triunfo los que creen que la criminalidad solo se combate con fuerza, con el Ejército; los militares lo ven como una revancha (después de 33 años callados y soportando críticas a su dictadura). Por su oportunismo, también lo apoya el mundo empresarial, que conoce el riesgo que representa Bolsonaro, pero que lo aceptan como la única posibilidad de derrotar el PT”.

Las encuestas apuntan a que la preferencia por Bolsonaro es mucho mayor entre los ricos y más escolarizados. Es en Brasilia y Río de Janeiro donde se registra su mayor favoritismo en las regiones metropolitanas. Atribuyen a bromas suyas los prejuicios y las declaraciones antidemocráticas y su manera de expresarse.

Pero, Bolsonaro es cosa seria. Se lo vincula con el neonazismo, y, para muchos, su postura y discurso hacen recordar a Joseph Goebbels (1897-1945), exministro de propaganda de Adolf Hitler, a quien se le atribuyen frases como: “Cuando oigo la palabra ‘cultura’, echo la mano a la pistola” y “muera la inteligencia”.
¿Por qué es un fenómeno?
Porque es el único en la historia de Brasil que se erigió como el salvador de un país herido y deprimido, como un candidato antisistema, no obstante haber ejercido, sin ningún brillo y dentro del sistema que al parecer combate, como concejal y diputado por tres décadas. Es un candidato hijo de la decepción colectiva frente a la política y a los políticos tradicionales y producto de un pueblo hastiado de la corrupción, la inseguridad y la grave crisis que atraviesa Brasil en todos los sentidos.

Sin duda, el escándalo de corrupción en Petrobras, investigado por la operación Lava Jato, que golpeó los principales partidos políticos y a muchas figuras de la política brasileña, fue lo que disparó a Bolsonaro en las encuestas.

El candidato es, sin duda, producto de la crisis. Dice lo que mucha gente quiere oír, aunque proponga soluciones primarias y poco efectivas para resolver problemas graves como, por ejemplo, la inseguridad. Como Lula, cuenta con electores convencidos, que “adoptan a un candidato como si fuese una religión”, como dijo a www.perfil.com Mauro Paulino, director de Datafolha, un instituto de investigación vinculado al diario Folha de São Paulo.

El fenómeno de Bolsonaro ha estado apoyado por 5 millones de seguidores en Facebook, en su mayoría menores de 34 años, que nunca vivieron la dictadura militar brasileña (1964-1985), defendida abiertamente por su candidato.

Lo que hizo a Bolsonaro simpático en algunos sectores, pese a su discurso simplista y primario, fue “esa coyuntura de deterioro político, de corrupción generalizada y decepción con la política en general, además de la crisis económica, de los gobiernos del PT y del actual presidente, Michel Temer. El aumento de la violencia urbana, así mismo, fue el combustible decisivo para hacerlo el favorito en las encuestas, porque es un militar que propone represión violenta, “matar a los bandidos”, armar a la población y torturar si es necesario”, opina Osava.

¿Ganará?
Lo más seguro es que eso no suceda. Varios analistas, como Osava, lo consideran poco probable porque, aunque presida las encuestas de preferencia de voto, el nivel de rechazo “es muy alto. Del 44 al 46 por ciento, según las encuestas, y especialmente fuerte entre las mayorías, es decir, entre las mujeres y los pobres. Las encuestas lo apuntan como perdedor en la segunda vuelta, sea cual sea su adversario, a excepción, hoy, de Marina Silva, la única mujer en la contienda”, afirma.

Lo más probable, según casi todos los pronósticos, es que Bolsonaro pase a la segunda vuelta con Hernando Haddad, exministro de Educación de los gobiernos del PT y exalcalde de São Paulo. “Lula no lo eligió por casualidad, sino mirando hacia la segunda vuelta. Es el cuadro del PT que tiene la imagen de más moderado, un intelectual capaz de conseguir el apoyo del centro. Así que, si no ocurre una catástrofe, el PT ganaría nuevamente las presidenciales de Brasil, ahora con Haddad”, pronostica Osava.

Explica que la recuperación del PT, que tocó fondo en las elecciones municipales de 2016, tras la inhabilitación de Dilma, se debe básicamente al desastre que es el gobierno Temer. “Jamás hubo un presidente tan rechazado por la población ni que provocara tanta vergüenza entre los brasileños. Se trataría de una alternancia acelerada del poder. Por eso, candidatos del llamado centroderecha, como Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), están tan mal en las encuestas porque le apostaron a Temer y se equivocaron. Además, fue gobernador de São Paulo por más de 20 años, y, como la economía está en crisis, paga el precio del deterioro”, explica.

Muchos argumentan que Bolsonaro no tiene calificaciones para aguantar un debate antes de la segunda vuelta, el 28 de octubre, porque simplemente no tiene ideas, solo prejuicios, y es un militar sicorrígido.

Lo que elevó a Bolsonaro al atrio de ‘salvador de la patria’ de un sector minoritario del electorado brasileño fue, sobre todo, su imagen y discurso anti político, su modo militar y la inseguridad pública que producen 60.000 muertes al año. Osava dice que no ve ningún interés internacional conspirando para que triunfe Bolsonaro, aunque observa que a la derecha mundial le resultaría simpático tener a la extrema derecha fuerte o gobernando en Brasil, pero dice que de lo que no duda hoy es de que “Bolsonaro solo ha sido parte de una gran burbuja”.

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