Según expertos, diferencias entre electores crecerá. Edad, raza y estatus económico, factores clave.


Por: Sergio Gómez Maseri

En los meses previos a las elecciones de mitad de término en EE. UU. fue mucho lo que se habló sobre una ‘ola azul’, en referencia a los esperados avances del partido Demócrata tanto en el Congreso como al nivel de las gobernaciones en el país.

 

 

El martes pasado, esa marejada tocó tierra, confirmando la mayoría de pronósticos: no solo recuperaron el control de la Cámara de Representantes tras ocho años de abstinencia, sino al menos ocho gobernaciones que estaban en poder de los republicanos.

 

Sin embargo, y casi en el sentido contrario, apareció otra oleada, esta vez roja, que frenó en seco el avance de la oposición en el Senado y en gobernaciones que por momentos estuvieron al alcance de la mano.

 

Los republicanos, impulsados por el presidente Donald Trump, no solo retuvieron el control de la Cámara Alta, sino que ampliaron su ventaja posiblemente con tres asientos adicionales (en Arizona, Florida y Mississippi aún no se declara ganador, pero el conteo favorece a los republicanos).

 

Mirados ya en detalle, los resultados indican con toda claridad que el país está más polarizado que nunca, dividido en dos bloques de electores que se diferencian ya no necesariamente en términos ideológicos, sino más bien por edad, raza y estatus económico.

 

Aunque todavía no se han terminado de contar los votos en muchos estados, la mayoría de indicadores apuntan a que los demócratas habrían recuperado unas 30 curules en la Cámara que antes estaban en manos de republicanos, dejando el balance de poder en unos 230 asientos frente a 205 de sus rivales.

 

Pero lo más interesante es que la gran mayoría de las curules recuperadas estaban en distritos ubicados en suburbios de grandes ciudades en donde, por lo general, hay una población de raza blanca con educación superior en zonas de Nueva Jersey, el norte de Virginia, Filadelfia, Miami y Chicago.

 

Incluso en suburbios de estados que suelen inclinarse por los republicanos, algo contradictorio pues, por tradición, este grupo de personas ha sido uno de los fuertes del partido del elefante.

 

Para ponerlo en contexto, si en las elecciones del 2014 casi el 60 por ciento de los blancos con educación superior votaron por candidatos republicanos, en el 2018 esa cifra es para los demócratas. La mayoría de las encuestas de boca de urna sugieren que el giro fue provocado por el rechazo de este grupo al presidente Trump.

 

Paralelamente, el voto blanco sin educación superior se volcó casi en igual proporción hacia el partido del presidente. Y fue precisamente por ellos que logró mantener sus curules en el Senado y arrebatar asientos a la oposición, pues casi todas pertenecían a estados muy conservadores como Dakota del Norte e Indiana.

 

Las elecciones también corroboraron otras tendencias. En general, los demócratas fueron más populares entre personas que viven en centros urbanos, con mayores ingresos y educación, jóvenes, minorías y mujeres.

El 80 por ciento de los nuevos asientos capturados por demócratas estaban en distritos donde tanto los ingresos como la educación están por encima del promedio nacional.

 

Elecciones Estados Unidos

Simpatizantes de la demócrata Nancy Pelosi celebran su victoria tras los primeros resultados de las elecciones legislativas en Estados Unidos

 

 

Al parecer, la edad se ha convertido en otro factor decisorio. El 67 por ciento de los menores de 29 años favorecieron a demócratas, y lo mismo ocurrió entre los menores de 45 años (61 por ciento vs. 35 por ciento), algo que se invierte a partir de esta edad en adelante. Simon Rosemberg, experto en política del Centro de Pensamiento NDN, dice, por ejemplo, que la brecha existente en el país producto de la edad es hoy la más grande.

 

“Siempre se habla de la brecha de género. Pero la brecha por edad es impresionante. El electorado joven se ha consolidado con los demócratas, mientas que los más viejos están con los republicanos. Lo que, a futuro, es un problema para estos últimos”, afirma el experto.

 

Lo mismo está pasando con las mujeres (57 por ciento por demócratas vs. 43 por ciento republicanas) y las minorías. La cifra entre los hispanos es del 69 por ciento vs. el 29 por ciento; entre asiáticos es del 77 por ciento vs. el 23 por ciento, y entre afroamericanos es del 88 por ciento vs. el 10 por ciento.

 

En otras palabras, EE. UU. está dividido hoy entre una población urbana mejor educada y compuesta por gente joven y minorías, frente a una clase rural más vieja, de bajos ingresos y muy religiosa.

 

De acuerdo con Elaine Kammarck, experta en política del Brookings Institute, aunque algunas de estas tendencias ya se venían presentando la última década, la llegada de Trump al poder las ha exacerbado.

 

“Trump ha forzado un movimiento del partido Republicano hacia la derecha, eliminando prácticamente a los moderados, que hoy son como una especie en vías de extinción”, sostiene Kammarack.

 

De hecho, la mayoría de los que perdieron en estas elecciones eran moderados tratando de sobrevivir en zonas que se han vuelto demócratas en oposición a Trump.

Pero, en lugar de reconocerlo, el presidente los atacó por tomar distancia. “Hubo algunos que no quisieron que me acercara a sus campañas. Y les fue muy mal. No sé si estoy feliz o triste, pero no me importa”, dijo Trump el día siguiente a las elecciones.

Lo más probable, además, es que estás divisiones seguirán creciendo de aquí en adelante y probablemente hagan erupción durante la campaña para la presidencia del 2020. Primero, porque la llegada de los demócratas a la Cámara de Representantes lo que promete es una nueva era de confrontación con un presidente que parece a gusto cuando está a la defensiva.

 

Y segundo, dice Kammarack, porque Trump está convencido de que su fórmula ganadora, la que incentiva el voto de su base, es el discurso incendiario y la retórica antimigrante.

 

El panorama es negro para un país con los ánimos ya caldeados y cuya fractura parece por momentos irreconciliable.

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