Porque:.. “Los hombres temen, a los mismos Dioses que han creado”

Los amos del pueblo, son aquellos que pueden prometerle un paraíso.

R. Gourmont.-

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

                Permito que me rodeen fantasmas que no me tocan exorcizar, pero que por igual no puedo ignorar. Quizás sea un miedo neurótico o tal vez ese sentido de inseguridad; engaños; impunidad e inmunidad ante los hechos, lo  que nos hace pensar o ilusionarnos en que al final del túnel habrá luz y que ese embudo no será muy largo. Ilusionarnos con la organización de una sociedad ideal, -algo parecido a lo escrito por un distinguido y excepcional Juez, en su libro El juez Ideal, y que esa sociedad esté asentada en esta nación en forma de isla, ubicada en el mismo trayecto del Sol, cual símil de la Utopía de Tomás Moro, no puede ser dañino.

                Pensar por un rato y hacer pensar, aun a esos “Honorables”, que cual veletas cambian de amo según se le antoje al viento, como ese que tuvo el tupé de expresar, ante la proposición de vender parte de los bienes del Estado, que “ahí no hay nada que sea ilegal, porque el Poder Ejecutivo no lo aceptaría”; pensar que la expresión puesta en labios de Rosario Santa Cruz, en la serie Estocolmo, es simplemente lapidaria, porque así lo ha demostrado la historia, cito: “No es la ley, es la justicia la que no se esconde ni está escrita, la que no pide permiso, la que se juega el cuerpo y la sangre, la que un día y sin que nadie se dé cuenta, casi como un fantasma, como un suspiro, llegará sobre todos nosotros”, esto tampoco puede ser dañino.

                Me llamó la atención de un “Honorable”, que para justificar “su trabajo”, manifestó que nada tuvo que ver con la aprobación o no de algunos prestamos, ya que los mismos procedían del Poder Ejecutivo y “ellos” no podían hacer otra cosa que aprobarlos, sin quitarle o ponerle una coma”. Y eso está bien, demuestra claramente, que partiendo de los miles de millones que se gastan en los partidos políticos, independientemente de los cientos de millones que se gastan en los “honorables”, es a todas luces, un dinero desperdiciado, mal gastado y peor empleado, porque si el Ejecutivo es el mandamás, entonces, para que están la caterva de “honorables”, sin dejar fuera de estos gastos onerosos, a las “Enanas, Medianas y Altas Cortes”, que por igual responden sumisamente a los mandatos del Ejecutivo.

Sé muy bien que tenemos un ejercicio periodístico serio, y mucho cuidado con embardunar lo que estoy diciendo, introduciendo esas heces fecales que han sido bautizadas como “bocinas”-toda una ofensa para esos aparatos sónicos-, no, me refiero a ese periodismo de investigación que ha puesto al desnudo y de manera constante, todas las “indelicadezas” que otros ocultan, porque se benefician de la misma. Pero que, lamentablemente, nadie escucha, nadie hace nada, porque en cuanto a las Cortes, en su conjunto, ni ven, ni escuchan, ni leen y me parece que por esas razones, tampoco actúan. Algo parecido a la Cámara de Cuentas, otra cantidad de cientos de millones gastados en nada, ya que las Auditorias, cuando las realizan, les pasan los años por encima y si la presentan, se engavetan. Esos tampoco leen al periodismo serio cuando denuncian anomalías, llegando, no sé si al descaro de expresar que necesitan que se le “querellen” o una vagabundería así.

                El Ejecutivo actúa raudo, para enviar sus préstamos pre-aprobados, porque sabe que no habrá problemas con los “Honorables”, todo lo cual no necesita pruebas ya que hay confesiones públicas, entonces, me viene a la mente, que este país está como una chichigua en banda. Y creo que es así, por lo que me permito parodiar al malogrado Orlando Martínez: “¿… Por qué no desaparece de la vista de los dominicanos honrados, que son la mayoría, a todos los vagos que en este gobierno cobran sin trabajar? (Comenzando por la Cancillería); ¿Porqué, tómelo en cuenta, no deposita en asiento de primera a los funcionarios irresponsables que se las dan de Fouché y a la hora de la responsabilidad no dan la cara? Y, el otro ¿por qué?, es el mejor y usted lo conoce, por si desea aplicarlo. ¡Sí señor!

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