Porque: Cuando la ley se pandea, Las indelicadezas reinan. “En la democracia se goza de libertad, a condición de no usarla”.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

                Nos quejamos continuamente de nuestra situación física, moral, económica o política, y los gritos ensordecedores no permiten escuchar que las campanas al igual que redoblan, por igual pueden repicar. Ya el conformismo ante los fracasos es casi generalizado; nos quejamos hasta de la selección de Jueces, cuanto hasta los que participan en la elección de los mismos, su conformismo ante la realidad de que no habrá ninguna “elección”, que todo previamente ya es un hecho consumado, es simplemente desmoralizante.

                Al parecer, se ha perdido la visión de que en las actividades tanto personales como políticas, es un símil de la lucha libre, donde muchas veces te tumban y caes debajo pero, un repentino impulso te hace cambiar la posición y obtener el triunfo. Y no es ninguna paradoja, es simplemente una fiel imagen del cómo estamos viviendo en este país.

                Esto está confirmado y plasmado en la historia, la cual nos dice que las grandes circunstancias hacen los grandes líderes pero eso, aquí, simplemente no se da. Los hechos que desgarran hasta nuestra soberanía se producen a diario pero nada pasa, quizás porque tenemos hombres capaces, honestos, bien intencionados y que aparecen en cualquier estrato social por montones, pero solo cuando se presentan las grandes situaciones es que se conoce si sobrepasan esas cualidades y pueden convertirse en pragmáticos y eficientes líderes.

                A diario vemos este tipo de hombres y mujeres, buenos hasta que llega la presión que produce el mando y las responsabilidades, donde la inmensa mayoría se queda siendo lo que siempre han sido, es decir, hombres y mujeres capaces, pero nada de ser líderes. Gobernantes y políticos conforman esa gran mayoría que causan frustración en aquellos que los consideraban aptos para ejercer el mando, donde unos demuestran haber sido muy buenos para ser segundos pero nunca, para ser los líderes.

En este renglón entran hasta grandes dirigentes de masas, como ha ocurrido al interior en el seno de la “Santa” Iglesia; personas que al ser sometidas a las presiones y responsabilidades que conllevan el mandar, ser ejecutivo; dirigente de masas; director y ejecutor de acciones, la falta de decisión para actuar en circunstancias que requieren “breteles”, los presentan tal y como son; indecisos y líderes mediocres, frisados y temerosos de tomar acciones de  manera responsable.

                Sistemáticamente sucumbimos ante las promesas de los políticos y ya nuestro comportamiento nos hace sentirnos impotentes ante las crisis y no han sido los políticos en realidad los culpables, sino, nosotros, por habernos postrado y hoy acostumbrados a esta situación, solo estamos en espera de una migaja de pan, cuando llegan las elecciones, a cambio del voto  de la miseria y lo indigno, sin esperanza de que algún día estos líderes mediocres pongan a los pobres padres de familia en el camino de razonar su voto. ¡Iluso yo!

                Tenemos líderes en teorías y manipulación de leyes, genios en desviar el carácter de los hechos, como ese de que “una cosa es soborno y otra financiamiento de campaña”, donde todo parece una burla y abuso de la autoridad hacia el pueblo, el mismo que le ha conferido la potestad para defenderlo y protegerlo de acciones que solo maltratan la inteligencia de los demás. Podríamos hasta cuestionar, el ¿por qué existen las visitas sorpresas? ¿Será porque los funcionarios no realizan su trabajo y el Presidente es que se da cuenta de los mismos, sin tomar ninguna acción contra en contra de ellos? Y que por esta razón ha tenido que dejar de ser Presidente para ser funcionario? O, ¿será que le ha quitado autoridad a estos para resolver los problemas inherentes a su cartera? ¿O será acaso que todo es puro clientelismo tal y como lo hacía Trujillo, reflejando que solo él era la salvación y quien más trabajaba? ¿Será pura coincidencia el accionar en la Tiranía y la dictadura democrática? Quizás muchos lo sepan, menos yo. ¡Sí señor!

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