Porque: “Me temo que hemos confundido
El poder con la grandeza”
Como no podemos cambiar
A los hombres, a cada paso,
Cambiamos las instituciones.
JL Arréat.

Por: Rafael R Ramírez Ferreira

Pensando en el hombre y su perfección como ser, esa que lo lleva a conocer sus limitaciones desde que conocemos su historia, siempre entre mitos, cuentos y mitologías, lo han llevado a crear seres que solo existen en desconocidas galaxias, pero que supuestamente velan por su bienestar y los protegen. Me parece que los más prolijos en estos menesteres fueron los griegos. Hoy, en que me encuentro deambulando entre discursos, engaños y promesas de ensueños celestiales, me llama la atención Medusa, uno de los personajes más anecdóticos de la fabulosa y creativa mitología griega, con su cabeza poblada por serpientes y sus incandescentes ojos, que convertían en piedra a quien los mirara.
Es así, como de poco a poco, pero con perseverancia, este pueblo siempre orgulloso de su primacía en todo lo que tenga que ver con el nuevo mundo, sin que le haya costado una gota de sudor, por fin, ha iniciado su propia mitología, creando hombres mitos, leyendas de héroes que en su tiempo solo fueron villanos y hasta exportando complicados sistemas de desarrollo humano y de seguridad, entre lo que podemos incluir al famoso programa “Solidaridad” y sus crecientes variantes y quizás, hasta las “desarrolladoras” Visitas Sorpresa.
Todo es cierto y realizable dentro de esta nueva mitología, donde como por arte de magia desaparece la pobreza que por siglos ha azotado al mundo pero que aquí, en esta media isla, simplemente sucumbió ante la iniciativa de una nueva casta de políticos emprendedores y carentes de apetencias personales. Semi-Dioses políticos y más si son regionales, que se convierten en dueños, amos y señores de todo, incluyendo hasta el pensamiento de aquellos de los que supuestamente son sus “representantes” ante los poderes del Estado.

Dentro de esta nueva etapa de nuestra historia, en base a un renovado clientelismo político, han demostrado que no son necesarias las Instituciones, que se puede, para beneficio de la Dinastía, subsistir en tanto se compren otra Isla para hacer una nueva República, a su gusto y conveniencia. Es rememorar a Duvalier, que dejo Haití el legado maldito de haber destruido las Instituciones y por igual parece que se persigue hacer en este país, donde solo miserias conocerán todos aquellos que no estén relacionados a la claque política corrupta o héroes mitológicos que se han adueñado de todo el quehacer dominicano.
Han pretendido hasta borrar hechos horribles ocurridos en el mundo, cual si pretendieran desaparecer de la mente del dominicano los acontecimientos en la Alemania Oriental; Berlín y por qué no, hasta de Tiannamen y ni hablar del 65. Ya las Fuerzas Armadas y la Policía, no son ni sombra del porqué de su existencia, porque ahora lo principal es servir de seguridad en bancos; Frigoríficos (como en Constanza) y en cuantas instituciones y organismos tanto públicos como privados, puedan utilizarlos, y en eso, la disciplina y el entrenamiento, condición sine-qua-non para defender la Nación, parecen como si hubiesen sido secuestradas por el Dios Baco.
La degradación moral, la corrupción y falta de ética, es algo que se ha hecho endémico dentro de nuestra clase política, porque la impunidad es el secreto, después, todos somos iguales, jueces-recaudadores y proveedores. Y es que a medida que se acrecienta la división política del territorio, mejor dicho, de los barrios marginados, en igual manera se acrecienta la representación dentro de los diferentes niveles de los “representantes”, el tigueraje, ese que domina la jerga del lenguaje barrial y el cómo se busca la vida.
Creatividad endemoniada esta nueva Mitología dominicana, en donde para quien padece, todo es una falsa percepción, en tanto, nuestros dioses mitológicos, viven en una eterna utopía de inmunidad, impunidad y blindaje, olvidando exprofeso, que siempre han existido los lideres pero, por igual, ha ocurrido con las Magdalenas. ¡Sí señor!

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