Por: Johnny Giraldo López

Desde el pasado 24 de septiembre, Estados Unidos y China, que representan las dos economías más robustas del planeta, iniciaron una guerra comercial que dejó aranceles contra el país norteamericano por US$60.000 millones y US$200.000 millones en contra del gigante asiático. El impacto de la disputa ha generado pérdidas a más de 400 empresas de comercio chinas y a gigantes estadounidenses como Starbucks, FedEx y Apple.

“El gobierno chino ha demostrado su voluntad de llegar a un acuerdo con La Casa Blanca accediendo a nivelar la balanza económica y a revisar sus políticas de propiedad intelectual. Una de las principales concesiones, fue permitir a BMW y Tesla tener sus propias subsidiarias, por primera vez en la historia, dentro del territorio chino”, dijo Howard Yu, profesor de desarrollo económico en el IMD Business School.

A pesar de los avances mencionados y de los rumores sobre un posible encuentro entre Xi Jinping y Donald Trump, las potencias aún tienen varios puntos por resolver.

Occidente se une contra Huawei

Después de que una corte en Nueva York declarara a Huawei culpable por defraudar a cuatro bancos estadounidenses y ocultar algunos de sus negocios en Irán a pesar de las sanciones impuestas contra ese país, Trump inició una campaña internacional para impedir que las compañías y gobiernos compren equipos de la marca.

“Esta es la mayor amenaza para un acuerdo bilateral, pues Huawei es una de las joyas de la corona china y al haber declarado un estado de emergencia, Trump podría impedir por decreto a todas sus empresas hacer uso de estos equipos, lo que sería un golpe fatal para las relacione”, agregó Yu.

Hasta el momento, los países que han vetado a Huawei son Australia, Japón, Taiwán y Estados Unidos, que juntos representan 32,6% del PIB global. Mientras tanto, otras naciones como China, Indonesia, Arabia Saudita, Sudáfrica, los Emiratos Árabes y Turquía, acogen a la asiática con una representación de 19,8% en el PIB mundial.

Revisión a derechos de autor

De acuerdo con la política de negocios en el mercado chino, si una compañía estadounidense quiere operar en su territorio, está obligada a formar una alianza con otra empresa nacional y compartir una cláusula de transferencia de tecnología, que expone a las foráneas a entregar información reservada.

“Este es el punto más polémico del acuerdo, pues China no va a ceder para cambiar toda su política de negocios domésticos, más cuando está en plena apertura de mercados internacionales y está encontrando alianzas estratégicas en medio oriente y Europa”, indicó Richard H.K Vietor, profesor de economía en la Universidad Harvard.

De acuerdo con fuentes cercanas a las negociaciones, Pekín estaría dispuesto a ceder en temas de producción nacional respecto al producto extranjero, pero se niega rotundamente a remover la cláusula de transferencia con las corporaciones internacionales que operen en su territorio, una de las principales quejas del presidente estadounidense Trump respecto al conflicto comercial.

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