Android es el sistema operativo más utilizado del mundo. Tanto que eclipsa en uso al segundo y tercer puesto, Windows y iOS respectivamente. Su uso en la mayoría de países del mundo está supeditado a los servicios de Google que ahora ha perdido Huawei. Sin ellos Android simplemente no funciona, al menos no tal y como lo conocemos. Por vicisitudes de la vida, en China no están disponibles y los fabricantes de teléfonos y tabletas con Android utilizan variados mecanismos para suplir a Google.

Un móvil Nokia, Xiaomi o Huawei vendido en China vienen con aplicaciones diferentes, utilizan sistemas distintos para enviar las notificaciones, gestionar los pagos, comprar apps, etc. Es como viajar a otro planeta, aunque en un primer vistazo los teléfonos sean indistinguibles debido a que utilizan capas de interfaz de usuario idénticas. Si el veto forzado por Trump de Google a Huawei no se deshace, Huawei deberá considerar entre varias estrategias para sus próximos móviles que presente fuera de China.

Huawei vende la mitad de sus teléfonos y tabletas fuera de China, la presión por tener pronto lista una alternativa a los servicios de Google es enorme

La opción más lógica a día de hoy es modificar sus plataformas para operar fuera de China. Esto no es tanto un reto técnico o logístico como de sus expertos legales. Europa bajo el RGPD tiene serios mandatos sobre la privacidad y datos a recoger. China prepara una versión similar de este reglamento de privacidad, pero de momento habría grandes incompatibilidades.

En este sentido, Huawei podría crear una tercera gran alternativa a Android en la forma de EMUI, su versión propia de Android que en occidente está limitada a una serie de diferencias estéticas en lo que al usuario medio se refiere. Sería Android, pero a la vez no. Tendría casi total compatibilidad con sus aplicaciones, y sin embargo estaría desprovisto de algunas funciones que hoy muchos clientes consideran “pilares” como Chrome o

Apoyarse en Microsoft o Amazon está fuera de cualquier consideración. Estarían bajo el mismo mandato ejecutivo de no comerciar con Huawei. Necesita una alternativa ajena a los Estados Unidos, idealmente tampoco china para acallar a las críticas de mercados internacionales y evitar posibles extensiones de Trump. La lista de alternativas es pequeña.

Huawei no podrá apoyarse en empresas estadounidenses, y debería evitar hacerlo en otras firmas chinas para evitar recelo. Las opciones son escasas

Desde Europa se lideran dos proyectos de código libre: LineageOS, Sailfish o /e/, basados en versiones previas de Android en las que Google no está presente, y se han añadido diversas capas de privacidad extra. Huawei podría, llegado el caso, optar por instalar LineageOS bajo su propio sistema EMUI. Sería una decisión difícil de sortear y liquidar debido a que son proyectos minúsculos para las necesidades de Huawei. Esta ruta, sin embargo, garantizaría a la compañía china un futuro estable a largo plazo fuera de su país de origen.

De hecho, este es uno de los potenciales goles en propia meta que EE.UU. puede crear con el veto a Huawei: que Google pierda la posición hegemónica en el mercado móvil a través de sus redes de distribución de aplicaciones y publicidad. Cuantos menos móviles con “Google” en su centro: menos datos recogidos, menos ingresos de publicidad y mayor pérdida de control estadounidense sobre la industria tecnológica.

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