Zunilda Rosario fue absuelta ayer por el jurado en el juicio que enfrentaba por el homicidio de su amante narcotraficante Juan Deleón en Harlem en 1990.

La dominicana, conductora de un autobús escolar en Rhode Island, se enfrentaba a una posible cadena perpetua.

Rosario (50) sollozó con la cabeza gacha sobre la mesa de la defensa cuando fue declarada “no culpable”, mientras dos hijas adultas -hijas del occiso- y sus dos hermanas saltaron de sus asientos y gritaron felices, detalló New York Post.

“Estamos devastados”, dijo por su parte Kathleen Matos, prima de Deleón.
El veredicto se produjo tras menos de un día de deliberaciones y cuatro de testimonio.

El miércoles, los abogados defensores Frank Rothman y Adam Konta argumentaron en sumarios que los fiscales habían fallado antes del juicio en entregar una declaración firmada de 1990 de un testigo clave.

En la declaración, el testigo había afirmado que Rosario había llamado a la puerta de Deleón antes del tiroteo, un relato que contradice el de otros testigos y lo que ella misma le dijo a los jurados la semana pasada.

“Quiero darles las gracias a todos”, afirmó Rosario cuando salía de la corte. Cuando se le preguntó cómo se sentía después del veredicto, sonrió ampliamente, y sus ojos aún estaban rojos e hinchados por el llanto. “Increíble”, agregó. “Increíble.”

Al preguntarle sobre sus planes para el futuro, dijo simplemente: “Conducir mi autobús escolar”.

No se comentó sobre el destino de Roberto José Carvajal, traído por la fiscalía luego de haber sido deportado por la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) a República Dominicana hace 12 años, tras ser arrestado con 2 gramos de coca en su poder.

En el tribunal se dijo que le habían prometido una green card a cambio de su testimonio contra Rosario.

La sospechosa no fue detenida hasta 2016, cuando otro testigo y socio de Deleón fue arrestado por cargos de armas y drogas y contó a las autoridades su versión de lo que había sucedido en 1990.

La noche del asesinato, el 11 de febrero de 1990, Carvajal dijo que estaba con su mejor amigo, Deleón (20), en el edificio 510 West 150th St., infestado de drogas, donde ayudaban a realizar una operación de crack de cocaína valorada en $2 millones de dólares al mes.

Afirmó que estando allí, Rosario llegó para hablar con Deleón y luego escuchó disparos y huyó por la ventana.

La defensa siempre insistió en que ninguno de los testigos en realidad vio el tiroteo.

Fue uno de los 2,245 homicidios ese año en NYC, la tasa más alta jamás registrada, y el Departamento de Policía estaba copado.

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