El acuerdo todavía debe ser ratificado por los líderes europeos, el Parlamento británico y la Eurocámara.
Tras casi tres años de negociaciones, el laberinto el brexit se acerca a su final. La Unión Europea y el primer ministro británico, Boris Johnson, han alcanzado este jueves un acuerdo definitivo sobre la salida de Reino Unido de la Unión Europea, que si no hay nuevos tropiezos se producirá el próximo 31 de octubre.

El pacto lo ha anunciado en Twitter el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: “Cuando hay voluntad, hay acuerdo. Lo hemos logrado! Es un acuerdo justo y equilibrado para la UE y Reino Unido y es una prueba de nuestro compromiso de encontrar soluciones. Recomiendo al Consejo Europeo que lo apoye”, ha escrito. El compromiso final se ha producido tras una llamada telefónica entre Juncker y Johnson.

El texto todavía debe ser ratificado en la cumbre de líderes europeos que empieza esta tarde en Bruselas. Después lo tendrá que aprobar en una sesión extraordinaria el sábado el Parlamento británico, que rechazó tres veces el pacto anterior de Theresa May.

Este es el principal escollo que queda, ya que los unionistas norirlandeses del DUP han anunciado esta mañana que no apoyan el acuerdo porque prevé una frontera aduanera y regulatoria entre Irlanda del Norte y el resto de Irlanda. Boris Johnson apenas tiene 48 horas para convencerles de que cambien de opinión, ya que necesita sus votos en Westminster para ratificar el Acuerdo de Retirada.

La UE cree no obstante en que el primer ministro británico logrará lo que no fue capaz de hacer May. Johnson “le ha dicho a Juncker esta mañana -y yo he asistido a esa conversación telefónica- que ahora puede hacer que se apruebe el acuerdo que hemos conseguido, tiene confianza en su capacidad de convencer a una mayoría de parlamentarios de la Cámara de los Comunes”, ha explicado el negociador europeo, Michel Barnier.

El último paso del procedimiento sería la ratificación en la Eurocámara, que podría producirse la semana que viene. Los diplomáticos europeos creen que aunque el acuerdo ha llegado casi en tiempo de descuento, todavía es posible que todos los trámites se completen para que el brexit se materialice el próximo 31 de octubre, con lo que no haría falta ninguna nueva prórroga.

En su recta final, las negociaciones se han concentrado exclusivamente en el capítulo más problemático: cómo mantener abierta la frontera entre Irlanda e Irlanda del norte tras el brexit. El resto de capítulos del Acuerdo de Retirada que se negoció con May no se han tocado: ni la garantía del derecho a quedarse de los 3,3 millones de ciudadanos europeos que residen en Reino Unido, ni la factura de salida de 45.000 millones de euros que debe pagar Londres, ni el protocolo sobre Gibraltar ni tampoco el periodo transitorio hasta el final de 2020 para adaptarse a la nueva situación.

Así es el acuerdo sobre la frontera irlandesa
El compromiso final se parece mucho a la salvaguarda irlandesa que la UE ofreció a Londres en febrero 2018 y que May rechazó con el argumento de que pondría en riesgo la integridad territorial de Reino Unido. Para mantener abierta la frontera irlandesa -fundamental para preservar el Acuerdo de Paz del Viernes Santo y evitar una vuelta del terrorismo a la isla-, Irlanda del Norte se queda en el mercado interior mientras el resto de Reino Unido se marcha. Es decir, deberá seguir aplicando las reglas de la UE para mercancías y no las de Londres.

La principal diferencia con la salvaguarda original estriba en que legalmente Irlanda del Norte seguirá formando parte del territorio aduanero de Reino Unido, lo que le permitirá beneficiarse de posibles acuerdos comerciales que firme Londres. Pero en la práctica Irlanda del Norte estará en el territorio aduanero de la UE y tendrá que aplicar sus normas y aranceles. Barnier lo ha definido como “la cuadratura del círculo”.

Eso significa que tanto la frontera regulatoria como la aduanera se trasladan al mar de Irlanda, entre Irlanda del Norte y el resto de Reino Unido. El DUP rechaza este estatus especial para Irlanda del Norte. Johnson también se oponía hasta ahora a esta diferencia de trato, pero en cuestión de semanas ha dado un giro de 180 grados.

La gran novedad en el acuerdo final es que incluye un mecanismo de consentimiento para el Parlamento norirlandés de Stormont con el fin de garantizar la legitimidad democrática. Cuatro años después de su entrada en vigor, es decir, en 2024, el Parlamento norirlandés podrá decidir por mayoría simple si quiere seguir aplicando las reglas de la UE o quiere pasar a aplicar las de Londres. En el segundo caso, tendría que volver a erigirse una frontera en la isla, por lo que se prevé un periodo transitorio de dos años.

Ese derecho a la retirada unilateral de Irlanda del Norte supone una gran concesión de la UE a Reino Unido. Los 27 siempre habían sostenido que la salvaguarda irlandesa no podía tener ningún límite temporal: era una póliza de seguros hasta que se encontrara un acuerdo alternativo entre Bruselas y Londres o soluciones tecnológicas que hagan innecesaria la frontera.

Sin embargo, como Johnson sólo quiere un acuerdo de libre comercio y no una relación más próxima con la UE, el estatus especial para Irlanda del Norte está ahí para quedarse. “Este apoyo democrático es central para nuestro enfoque porque el protocolo ya no será sustituido por otro acuerdo”, ha dicho Barnier. El mecanismo de consentimiento fue pactado la semana pasada por Johnson y el primer ministro irlandés, Leo Varadkar.

El último punto en el que ha cedido Johnson se refiere a las relaciones futuras entre la UE y Reino Unido. Pese a marcharse, Londres se compromete a mantener los estándares de la UE en materia social, medioambiental, competencia y ayudas públicas. El sucesor de May había amagado con convertir a Reino Unido en una especie de paraíso fiscal al lado de la UE, pero finalmente ha dado marcha atrás ante la amenaza de Bruselas de negarse a firmar ningún acuerdo comercial.

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