El líder de Ciudadanos llevaba 13 años al frente del partido, toda la vida de la formación política
La repetición electoral se llevó por delante a Albert Rivera. A punto de cumplir 40 años, el político catalán que asumió las riendas de Ciudadanos hace trece años se ha convertido, hasta el momento, en la principal víctima del bloqueo político en España. El partido que presidía desde su fundación perdió ayer más de dos millones y medio de votos y 47 escaños, hasta quedar relegado a la sexta fuerza del Congreso, con solo con 10 diputados y superado por Vox, Unidas Podemos y ERC. Como consecuencia de ese desplome, Rivera ha presentado su dimisión esta mañana al comité ejecutivo del partido, reunido en la sede en Madrid. “En coherencia con lo que soy, no creo que sorprenda que hoy dimita. Sea justo o injusto, es lo responsable. Es lo que me enseñaron mis padres y mis profesores”, ha explicado en una comparecencia de prensa sin preguntas en la que también ha anunciado que renunciará a su acta de diputado y que dejará la política. Un congreso extraordinario decidirá el nuevo liderazgo de la formación.

“La vida es mucho más que la política”, ha subrayado un Rivera emocionado, luchando por contener las lágrimas, sobre todo en los aplausos de sus compañeros que han interrumpido varias veces su comparecencia. Su intención, ahora que deja la política, es dedicar tiempo a su familia y amigos, todos aquellos a los que ha faltado en sus trece años de dedicación pública. Sus palabras han tenido una alta carga de emotividad. “No voy a ser el presidente de las familias, pero sí mejor padre, mejor hijo, mejor pareja, mejor amigo, que es lo que creo que se merecen”. “La vida sigue y yo quiero ser feliz”, ha confesado. Rivera tiene una hija, Daniela, de nueve años, y está separado. Su pareja es la cantante Malú.

En su despedida, Rivera ha asumido su responsabilidad por el fracaso electoral y ha deseado “suerte y acierto” a quien ocupe en el futuro su cargo. Aún es una incógnita. “Los líderes también sabemos que los malos resultados son del líder”, ha afirmado. También deja su escaño, que ocupará ahora el abogado del Estado Edmundo Bal, número cuatro de la lista por Madrid. “No puedo asumir ser diputado en el Congreso solo por una nómina”. Aunque en sus palabras se palpaba su pasión por la política, a la que ha dedicado la última década de su vida, Rivera ha recordado que tiene una profesión —es abogado, y trabajó en los servicios jurídicos de La Caixa— y volverá a ella “con gratitud, sin rencor, sin mirar atrás”. “Seguramente si me preguntan qué es lo más bonito que he hecho en la vida, diré que la vida pública”.

Deja el partido huérfano y en duelo. Los rostros de los dirigentes de la cúpula mostraban esta mañana desolación: varios de ellos lloraban desconsolados mientras le escuchaban abandonar su cargo. La formación se sume en el vértigo de un futuro sin Rivera.

El candidato de Ciudadanos a la presidencia del Gobierno reconoció marcharse preocupado por el devenir del país. “Espero que pueda ver cómo se recompone la unidad nacional, la libertad, la igualdad y los valores constitucionales”, confió. Rivera quiso citar en su despedida una frase del expresidente estadounidense Barack Obama: “Si para ganar tienes que dividir a la gente, vas a tener un país ingobernable”. “Viva la libertad”, se despidió.

El presidente esperó a dimitir a este lunes, para comunicárselo primero a su dirección. Anoche, en una breve comparecencia rodeado de la plana mayor del partido, también asumió el fracaso. “Es un mal resultado, sin paliativos ni excusas”. A su lado, destacaban los ojos enrojecidos de la portavoz parlamentaria, Inés Arrimadas, que hoy seguía con el mismo rostro desencajado. “Los líderes asumen en primera persona no solo los éxitos, sino también los fracasos”, subrayó anoche. En su caso, con más motivo en la medida en que Ciudadanos es un partido personalista y las decisiones de calado de los últimos meses las ha tomado Rivera con un reducidísimo grupo de dirigentes.

A partir de ahora, un congreso extraordinario de Ciudadanos —aún sin fecha— decidirá el nuevo líder y el nuevo rumbo del partido, que no ha conocido otra presidencia que la de Albert Rivera. La ejecutiva ha quedado disuelta y será el consejo general, en un plazo máximo de 15 días, quien nombrará una gestora (con un máximo de 15 miembros) y convocará la V asamblea extraordinaria del partido.

La mejor situada para sucederle es la cabeza de lista por Barcelona, Inés Arrimadas, que siempre se ha mostrado fiel al líder y no ha discrepado de ninguna de las decisiones de calado del partido en los últimos tiempos. La portavoz parlamentaria es la figura de más proyección, pero podrían saltar a primera línea otros nombres, como el jefe de filas en Europa, Luis Garicano, principal contrapeso crítico, y que sí se opuso al veto al PSOE. Rivera, según fuentes presentes en la reunión de la ejecutiva, no ha señalado a nadie para sucederle, porque no quiere influir en el debate que se abre ahora en el partido.

Rivera ha dado un paso atrás antes de que nadie se lo pidiera, pero tras el batacazo su liderazgo estaba en el punto de mira. “Yo asumiría las responsabilidades”, dijo esta mañana antes de la reunión el vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, preguntado por la dimisión del presidente.

El político catalán ha pagado la factura de la vuelta a las urnas tras seis meses de profundos vaivenes en el partido. Ciudadanos concurrió a las elecciones generales del pasado abril con un veto a cualquier acuerdo con el PSOE con el que creció a 57 escaños, a punto del sorpasso al PP, pero que después de los comicios fracturó a su ejecutiva. La negativa a cualquier acuerdo con Pedro Sánchez (con el que sumaba 180 escaños, mayoría absoluta) que mantuvo durante cinco meses tras las elecciones le costó la mayor crisis interna del partido desde su expansión nacional. Cuatro miembros de la ejecutiva dimitieron y uno de los cofundadores, Francesc de Carreras, se dio de baja de militancia. Uno de los dimisionarios, el exportavox económico, Toni Roldán, ha mostrado hoy “respeto y reconocimiento” a Rivera. “Como dije cuando me marché, Rivera ha sido un líder excepcional, un luchador incansable que logró algo que nadie había conseguido antes: articular un gran centro político en España. Ha pagado sus errores y le honra marcharse ahora”, ha escrito en su cuenta de Twitter.

Rivera concurrió a las elecciones del 10 de noviembre con un cambio de estrategia y el compromiso de desbloqueo bien con un acuerdo con el PP o bien con el PSOE desde la oposición. Rectificó su posición después del pétreo no al PSOE, que solo levantó in extremis, con una oferta de abstención en los minutos de descuento de la legislatura de Pedro Sánchez. Pero los resultados no le acompañaron, y al final las urnas han acabado con su carrera política.

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