Por: Virginia García Beaudoux

“Conozca a las Bellas Candidatas a diputadas a las elecciones generales” y “Bellas y talentosas mujeres engalanan planillas de partidos” son los titulares que acompañan la galería de fotos con los que dos periódicos de Honduras presentan a las mujeres que compiten por cargos en las elecciones.

Junto con la pasión por conocer los detalles de su vida doméstica y sentimental; las insinuaciones referidas a su escasa preparación y experiencia; y los comentarios sobre su falta de control, racionalidad e inteligencia emocional; la apariencia física de las candidatas es uno de los temas más frecuentes y favoritos de los medios. Las menciones al peinado, la ropa, el maquillaje, la edad, la apariencia física y el cuerpo de las candidatas y políticas, constituyen un clásico de la cobertura periodística que se realiza de ellas en todas las latitudes del mundo.

Durante la campaña electoral de 2016, de Hillary Clinton se publicó “Con el rostro lavado, sin rastros de esos maquillajes perfectos con los que se presentó en los debates frente a Donald Trump, con su pelo al natural sin ondas ni extra fijador para volumen como la vimos recorrer el país durante toda su campaña, y con solo un poco de color brillante en los labios”, “Vestida de azul, con poco maquillaje y un peinado austero, la candidata demócrata a la Casa Blanca habló ayer en un evento”, y “La candidata presidencial demócrata dio un giro rotundo en su estilo; anoche para el debate presidencial recurrió al rojo”. Aún medios de comunicación prestigiosos como The Washington Post o The New York Times en más de una ocasión se detuvieron a evaluar su apariencia física y sus trajes de pantalones, y a comentar su peso o su peinado.

La propia Hillary, ironizando al respecto, comentó que si desea derribar una historia de las portadas de los periódicos, solo debe cambiarse el corte de cabello. También se escribieron párrafos detallados de la vestimenta de Keiko Fujimori cuando competía por la presidencia de Perú, tales como “La candidata que lidera suele utilizar saco y blusa en la mayoría de sus presentaciones públicas, sin embargo, para los mítines opta por llevar solo blusas blancas con el pequeño logo anaranjado de Fuerza Popular en el pecho. El cabello suelto y algunas joyas le dan una apariencia juvenil y femenina”.

De María Eugenia Vidal, actual gobernadora de la Provincia de Buenos Aires en Argentina, se publicó que “adelgazó 17 kilos en siete meses y dejó atrás los suéteres holgados, los pantalones anchos y las camisas sin forma para probar blusas femeninas, pantalones Oxford y zapatos de diseño. También mejoró su maquillaje, siempre manteniendo su estilo natural, y su cabello lacio y suelto”. La apariencia física de la actual alcaldesa de Roma fue usada en numerosos titulares como “Conoce a la bella ragazza que busca ser la alcaldesa de Roma”, “Joven y bella abogada podría convertirse en la primera alcaldesa de Roma”, “Virginia Raggi, la bella abogada que será alcaldesa de Roma” y “Virginia Raggi, la nueva y bella alcaldesa de Roma”. El escote del vestido con el que Merkel asistió a la gala de inauguración de la nueva ópera de Oslo, causó un revuelo incomprensible. La fotografía se imprimió en periódicos del mundo entero, y fue acompañada por titulares como “Las armas de distracción masiva de Merkel”.

Los comentarios en los medios acerca del vestuario de las mujeres políticas no se limitan a criticar o a elogiar su gusto en la elección de las prendas. La revista Glamour edición española, dedicó un artículo entero titulado “Power dressing: la ropa como clave y estrategia de imagen pública” para explicar que mujeres como Hillary Clinton y Margaret Thatcher han elegido repetir vestuario como una estrategia de manipulación para reforzar una imagen de austeridad a través de la cual esperan ejercer más poder. Nada se dijo, en cambio, de las motivaciones ocultas que habría tenido el ex presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, cuando compró su único traje, estrenado en ocasión de visitar a su par de Brasil Ignacio “Lula” da Silva y luego utilizado para todas las apariciones públicas en la que el protocolo lo requería. El titular de la noticia ponía, lisa y llanamente, “Mujica se compra un traje para ver a Lula”, sin especulaciones ni segundas lecturas.

La exigencia que se pone sobre el vestuario y la apariencia de las mujeres, no tiene punto de comparación con el escrutinio que sufren la vestimenta y la apariencia de los hombres en los medios. Esa no es una cuestión menor y constituye un serio problema. Las investigaciones muestran que la cobertura sesgada y estereotipada en los medios para hacer referencia a candidatas y políticas tiene consecuencias perjudiciales y negativas para ellas. Cuando los medios hacen referencia a la apariencia física de las candidatas, no solo las dañan las coberturas negativas que las critican, sino que también lo hacen las neutrales y las positivas que las elogian. Más allá de su signo positivo o negativo, se trata de coberturas periodísticas que despolitizan a las candidatas ante la mirada pública. El resultado es que les restan imagen de competencia frente al electorado, perjudica la percepción que los votantes tienen de ellas en dimensiones como su confiabilidad, efectividad, fortaleza, experiencia y calificación, hace descender su posicionamiento en las encuestas y decrecer la intención de voto hacia ellas.

 

Los medios son una de las arenas fundamentales de la política en nuestros días. Sería deseable que realizaran una cobertura sin sesgos, libre de estereotipos de género, que evitara el lenguaje y las imágenes sexistas, así como las menciones acerca de la apariencia física y vestimenta de las políticas y candidatas.

Es hora de que las posiciones, propuestas, trayectorias y experiencias de las mujeres políticas dejen de quedar opacadas injustamente en los medios por la banal imagen que los espejos devuelven de ellas.

 

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