Pedro Sánchez busca normalizar relación de los dos países. No está prevista cita con Raúl Castro.


Por: Milagros López de Guereño
El presidente de España, Pedro Sánchez, comenzó este jueves una visita oficial muy deseada por el empresariado español afincado o con negocios en la isla comunista que tiene el objetivo de recuperar el tiempo perdido dando normalidad a la relación bilateral.

Su agenda está apretada milimétricamente y no hay espacio para verse con opositores, aunque sí departirá con un par de representantes de la prensa independiente.

Tampoco está incluido, a priori, un encuentro con el expresidente Raúl Castro, una foto que pudiera traerle dolores de cabeza entre la ahora derecha opositora española.

Sin embargo, la colectividad hispana exclamó “Por fin” y “Ya era hora” cuando en septiembre de este año se anunció este viaje, después de los 32 años transcurridos desde la última visita de un jefe de gobierno español.

La efectuó Felipe González en 1986. Entre abrazos de Fidel Castro, habanos Lanceros de Cohiba y las boas multicolores de las bailarinas del cabaret Tropicana se ratificaron los históricos lazos de hermandad de ambas naciones.

El optimismo se rompió con la llegada de José María Aznar (1996-2004) y su empecinamiento para que la Unión Europea aprobara la Posición Común.

La medida, repudiada por Cuba, buscó la “democratización” del castrismo condicionando el respeto a los derechos humanos y el multipartidismo para normalizar lazos con la Unión Europea.

Pese al distanciamiento, Aznar y los reyes Juan Carlos y Sofía participaron en la Cumbre Iberoamericana de 1999. Escoltados por el fallecido líder comunista y el historiador de la ciudad Eusebio Leal, recorrieron las calles de La Habana Vieja.

Un itinerario muy parecido al que este viernes Leal realizará con el mandatario socialista, quien media hora después de aterrizar este jueves a las 16:55 en el aeropuerto de La Habana, presentó una ofrenda floral ante el monumento a José Martí y fue recibido oficialmente en el Palacio de la Revolución, sede del Gobierno, por el actual jefe de Gobierno cubano Miguel Díaz-Canel.

Ambos presidentes fueron testigos de la firma de varios acuerdos, cuyo contenido no ha trascendido en el momento de redactar esta información.

La visita marcaría una nueva etapa de acercamiento con España, que se consolida como el segundo exportador en la isla, después de China, con 900 millones de euros movido por las 250 empresas.

Son en su mayoría pymes, que perseveraron pese a las presiones ejercidas por la aplicación extraterritorial del embargo unilateral de Estados Unidos, recrudecido por Donald Trump, tras congelar el deshielo que alcanzaron Barak Obama y Raúl Castro en el 2014.

Los hombres de negocios españoles confían en que sirva de impulso tras “muchos años de una soledad institucional apabullante”, según dijo a esta corresponsal Xulio Fontecha, presidente de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba –la única organización extranjera autorizada por el gobierno isleño.

Fue un hecho que las empresas francesas, principalmente constructoras, repuntaron tras la visita del presidente François Hollande.

La estancia de Sánchez será muy breve, apenas 24 horas. Lo acompañan unos 50 empresarios que junto a los ya instalados, mantendrán un desayuno de trabajo donde expondrán sus problemas.

El principal es el del financiamiento. Cuba les debe 300 millones de euros, pero como dice Fontecha, no paga porque no puede, “no porque no quiere”.

Para soportar mejor la falta de liquidez desearían que vengan bancos, aunque sean pequeños, pues los grandes como el BBVA y el Santander están más condicionados al tener tienen negocios en Estados Unidos.

Y otra esperanza es que las grandes empresas constructoras se animen a trabajar en el priorizado sector del turismo y así arrastren a otras más pequeñas como suministradoras.

Todo esto será tratado también durante el foro empresarial que mantendrán después con colegas cubanos.

Tras ese encuentro, Sánchez entregará “temporalmente” la silla de palma utilizada por el héroe de la guerra de la independencia Antonio Maceo. Es un asiento rústico que utilizaba el ‘Titán de Bronce’ cuando se bajaba del caballo, pues de tanto ir en cabalgadura sus piernas perdieron tono muscular y no podía estar de pie. La silla se la llevó el último capitán general de la colonia y estaba en un museo familiar de Baleares. Su regreso es un gesto de buena voluntad que allanaría el camino a que los Reyes Felipe VI y Leticia visiten la mayor de las Antillas el año próximo, cuando la capital de los cubanos celebrará su 500 cumpleaños.

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