La pandemia del coronavirus ha dejado más de 50.000 muertos y 860.000 infectados en el mundo, la mayoría en Europa, en la peor crisis planetaria desde la Segunda Guerra Mundial, según la ONU, cuyos organismos advirtieron ayer que la economía global puede contraerse este año alrededor de un 1 por ciento, frente al crecimiento del 2,5 por ciento que se preveía, y que existe el riesgo de una crisis alimentaria.

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Dos meses después de la detección de sus primeros casos, Europa confronta el colapso de los servicios de cuidados intensivos, ya al límite de sus capacidades. Con 864 muertos reportados ayer, y más de 9.000 decesos acumulados, España sigue el trágico ritmo de Italia, con casi 12.500 fallecidos, y son los dos países con más muertes provocadas por covid-19.

EE. UU., tercer país con más muertos, superó ya los 4.000 decesos, el doble que hace tres días, y los 200.0000 contagiados. Además, en otros países la mortalidad va en rápido aumento, como en el Reino Unido, que registró ayer 563 fallecidos y superó los 2.350 casos de covid-19. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS), alertó ayer que el número de decesos a causa del nuevo coronavirus se duplicó en el mundo en una semana.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ya había advertido el martes que la actual situación es la más compleja desde 1945 para la humanidad. “Se trata de una combinación, por un lado, de una enfermedad que es una amenaza para todos en el mundo, y en segundo lugar, porque tiene un impacto económico que traerá una recesión sin precedentes en el pasado reciente”, dijo.

“La combinación de esos dos factores y el riesgo de que contribuya a una creciente inestabilidad, una creciente violencia y un creciente conflicto son las cosas que nos hacen creer que esta es, de hecho, la más retadora de las crisis que hemos enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial”, agregó el secretario general.

Y la ONU volvió a hacer sonar la alarma el miércoles. La organización advirtió en un informe que, debido a la pandemia, la economía puede contraerse más del 1 por ciento si las restricciones para combatir la enfermedad se alargan hasta el tercer trimestre o si las medidas fiscales no son adecuadas.

La organización apunta que un paquete de estímulo bien diseñado, que dé prioridad al gasto sanitario para frenar el virus y que apoye económicamente a los hogares más afectados, reducirá la probabilidad de una recesión profunda.

“Se necesitan medidas políticas urgentes, no solo para contener la pandemia y salvar vidas, sino también para proteger a los más vulnerables en nuestras sociedades de la ruina económica y apoyar el crecimiento económico y la estabilidad financiera”, dijo Liu Zhenmin, el responsable del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU.

Según la organización, las restricciones al movimiento y las medidas de confinamiento están teniendo ya un efecto muy duro en las economías de Europa y Norteamérica, sobre todo en sectores como el comercio, el ocio, la hostelería y los transportes, que suponen más de un cuarto de los empleos.

Esos efectos se contagiarán muy pronto a los países en vías de desarrollo a través de los canales comerciales y de inversión, con una contracción del consumo que les afectará y que contraerá la producción manufacturera.

Según el informe, en el peor escenario el producto interior bruto mundial se reduciría alrededor de un 0,9 por ciento en 2020, y la caída puede ser mayor si las restricciones se prolongan o si las medidas de estímulo no son suficientes.
Como comparación, la ONU recordó que la economía global se contrajo un 1,7 por ciento en 2009 como consecuencia de la gran crisis financiera.

Asimismo, el documento advierte que los países en vías de desarrollo, especialmente los que dependen del turismo y la exportación de materias primas, se enfrentan a riesgos más pronunciados. Como consecuencia, alertó la ONU, los Gobiernos pueden verse obligados a recortar sus presupuestos en un momento en el que es necesario expandirlos para contener la pandemia y apoyar el consumo y la inversión.

A la advertencia económica de la ONU ayer se sumó un inusual comunicado de Qu Dongyu, director de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO); Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, y el brasileño Roberto Azevedo, dirigente de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en el que se alertó que existe un riesgo de “penuria alimentaria” en el mercado mundial por perturbaciones derivadas de la covid-19 en el comercio internacional y las cadenas de suministro.

“Las incertidumbres generadas sobre la disponibilidad de alimentos pueden desencadenar una oleada de restricciones a la exportación”, que a su vez causarían una “penuria en el mercado mundial”, dijeron.

Según estos escenarios, algunos países exportadores de cereales de base podrían retener sus cosechas por temor a escasez, mientras que en el otro extremo de la cadena alimentaria globalizada otros países más frágiles corren el riesgo de padecer graves necesidades.

Para estas tres organizaciones multilaterales es “importante” garantizar los intercambios comerciales, “en particular para evitar penurias alimentarias”, especialmente en los países más pobres.

El mensaje parecía estar dirigido a Rusia, primer exportador mundial de trigo, ya que sus ministros de Economía y de Agricultura defendieron a principios de semana un proyecto para limitar las exportaciones de cereales rusos a 7 millones de toneladas en abril y junio.

Y a la espera de la aprobación por el Gobierno de esta propuesta, Rusia decidió vender ayer un millón de toneladas de trigo procedentes de sus propias reservas en su mercado doméstico para limitar el alza de los precios internos.

Pero los expertos de la FAO señalaron que las “restricciones a la exportación” provocan generalmente hambrunas en otros rincones del globo.

Abby Abbassian, economista principal de la FAO, recordó que tras la crisis financiera de 2007, “algunos países productores de arroz como India y Vietnam impusieron restricciones a la exportación, pues les preocupaba las alzas de precios, lo que elevó las cotizaciones mundiales y contribuyó a crear disturbios debido a hambrunas en algunos países en desarrollo”.

Los tres organismos se preocupan también por otros factores que amenazan la cadena alimentaria mundial. Por ejemplo, la “ralentización de la circulación de trabajadores de la industria agrícola y alimentaria” bloquea numerosas agriculturas occidentales.

Además, con el cierre de las fronteras por el coronavirus, estas agriculturas de países desarrollados descubren que son dependientes de mano de obra venida de otras partes. Otra fuente de inquietud son los “retrasos en las fronteras para los contenedores” de mercancías, generando “un desperdicio de productos perecederos”.

Los tres organismos también destacan la necesidad de “protección” de los trabajadores del ramo para así “minimizar la propagación del virus en el sector” y “mantener las cadenas de suministro alimentario”.

“Al proteger la salud y el bienestar de los ciudadanos, los países deben asegurarse de que el conjunto de las medidas comerciales no perturbe la cadena de suministro alimentario”, agregaron los responsables de la FAO, OMS y OMC.

“En períodos como este, la cooperación internacional es esencial”, agregan. “Debemos garantizar que nuestra respuesta ante la pandemia de covid-19 no cree de manera involuntaria injustificadas penurias de productos esenciales y exacerbe el hambre y la malnutrición”, concluyen.

Según el economista Abassin, “apenas estamos al principio de esta crisis”, que no es una crisis de producción, sino, sobre todo, una crisis de transporte y de logística.

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