No se decretó el confinamiento obligatorio. Se apeló por la responsabilidad individual de los uruguayos para frenar al virus. El país ha conseguido mantener estable la curva de contagio durante toda la crisis del Covid-19 a pesar de no decretar confinamientos obligatorios y estar localizado junto a Brasil, el principal foco de la enfermedad en el continente.

En Uruguay ya se empieza a hablar de la “nueva normalidad”. Este pequeño país latinoamericano lleva ya semanas intentando retomar el pulso de la actividad normal, gracias a un control efectivo de la pandemia que se ha podido efectuar sin la necesidad de decretar confinamientos obligatorios.

El primer caso positivo por coronavirus en el país se dio el día 13 de marzo de 2020, después de que una uruguaya que había viajado por Italia y España lo llevase al país. Como en toda Latinoamérica el virus fue importado. Esta mujer había asistido a una boda y había contagiado a varios asistentes, por eso, en esa misma fecha hubo cuatro confirmados.

Esto hizo saltar las alarmas al gobierno de coalición de Luis Lacalle Pou y ese mismo día decretó el cese de todas las actividades públicas y grandes eventos multitudinarios. Lacalle apenas llevaba por esas fechas 15 días en el poder, ya que juramentó el cargo de presidente de la República el 1 de marzo. Un liderazgo nuevo al mando de un gobernante nuevo de índole conservador, tras 15 años de hegemonía del Frente Amplio.

La consigna desde el principio fue clara: las personas debían permanecer en casa. Pero si algo llama la atención de todas las medidas adoptadas por el país es que no se decretó el confinamiento obligatorio. Se apeló por la responsabilidad individual de los uruguayos para frenar al virus.

El punto más crítico que atravesó el país fue durante los últimos días del mes de marzo y los primeros de abril. Ahí el incremento de casos diarios estuvo a punto de rebasar los 40 positivos en 24 horas, pero después esa cifra bajó. El número de muertos no ha subido de dos al día, haciendo que este país, de algo más de tres millones de habitantes, tenga poco más de 850 casos y 19 fallecidos.

Es cierto que Uruguay no es un país densamente poblado más allá de su capital, Montevideo, pero si algo ha demostrado este virus es que se puede expandir con facilidad por zonas remotas. Para comparar, la región colombiana de Amazonas tiene solamente 79.000 habitantes, pero, a pesar de prácticamente carecer de infraestructuras que propaguen con más rapidez el virus, cuenta con varias decenas más de contagiados que Uruguay al 14 de mayo.

Uruguay tiene además la dificultad de compartir frontera con Brasil, el foco más grande de Latinoamérica.
A pesar de esto, el país está sufriendo los problemas generales que entraña esta crisis, aunque algo mejor que sus vecinos regionales. El FMI estimó la contracción del PIB uruguayo para 2020 en un 2,7%, algo menos que la media latinoamericana, que se espera sea del 5,5%.

100.000 personas han perdido su puesto de trabajo durante estas semanas. A pesar de que el gobierno se ha comprometido en ayudar a todos los trabajadores con subsidios públicos, el ministerio de trabajo estima que en todo el territorio hay unas 400.000 personas que se dedican al trabajo informal y que no podrán tener acceso a esas ayudas.

Reapertura de escuelas

El presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, no quiso dar por perdido el curso escolar en el país. Aunque las clases se suspendieron durante un tiempo, el 22 de abril se decretó el regreso a más de la mitad de las escuelas rurales del país. Un total de 4.000 niños y 500 profesores llevan varias semanas de curso escolar. Cuatro de los 19 departamentos no han registrado ni un solo caso hasta la fecha, y otros siete apenas tienen entre uno y cuatro casos.

Los principales focos son los departamentos con grandes ciudades, es decir, Montevideo y Canelones. Es de destacar que los barrios más afectados del país han sido los de clase rica, debido a que el contagio no ha sobrepasado los focos originales donde vivían las personas pudientes que tenían la posibilidad de viajar a Europa.

Aun así, la situación en estos lugares también es estable. Se estima que en todo el país hay unos 290 casos activos y la cifra de recuperados es muy superior, rondando los 550. Datos que han alentado al Ejecutivo a dar un paso más: preparar la apertura de todas las escuelas primarias de la nación.

Aún no hay un calendario fijado, pero según anunció Lacalle Pou la intención es reabrir las escuelas de carácter primario lo “antes posible”, ya que el equipo epidemiológico de expertos que asesora al gobierno así lo ha indicado. La secundaria y las universidades ya están manteniendo conversaciones con el ministerio de Educación, pero aún no se ha concretado nada.

La intención es que todos los profesores porten mascarillas en las aulas de forma obligatoria, pero para los alumnos será solamente una opción voluntaria. Se tiene pensado dividir las aulas para que se respeten las distancias de dos metros y obligar a los estudiantes a mantener la higiene al entrar y salir del centro educativo y a dejar el calzado en la entrada.

Durante este tiempo el gobierno ha sido el encargado de repartir los tapabocas de forma gratuita entre la población en los medios de transporte y aunque en la calle su uso no es obligatorio, si que lo es en supermercados y comercios.

La Educación es un sector más que está dispuesto a abrir en el país, después de que tras el paso de la Semana Santa se retomase las actividades industriales y de la construcción.

Cierre de fronteras solidario

Como la mayoría de los países del planeta, con el inicio de la pandemia se decretó el cierre de fronteras, pero eso no ha significado que Uruguay se cerrase herméticamente al exterior.

El 27 de marzo, el barco australiano Greg Mortimer desembarcó en Uruguay después de varios días pidiendo asistencia humanitaria, que le fue rechazada por Chile, Argentina y las islas Malvinas -que como ellos son miembros de la Commonwealth británica-.

Este buque había partido el 14 de marzo con la intención de hacer una visita turística a la Antártida, pero su travesía se convirtió en una pesadilla cuando, a los pocos días, 128 personas de los 217 pasajeros y miembros de la tripulación se contagiaron de la enfermedad.

Uruguay aceptó al barco y asistió a aquellos que estaban en una situación más grave en un despliegue catalogado como “histórico” por la prensa local. El pasado 10 de abril, las personas con peores condiciones tomaron un vuelo a Melbourne que les devolvió a sus hogares. Y este 12 de mayo, personas que pertenecían al personal del barco y no infectados pudieron pisar Montevideo.

No aceptamos comentarios ofensivos, El Verificador promueve el debate de ideas como herramienta que fortalece la vida democrática.

13 + = 15