Cada día es más importante para nuestra salud lo que comemos, no sólo para estar nutridos sino bien alimentados. Tener hábitos nutricionales buenos nos protege de muchas enfermedades.
Laura Martin Sanjuan
En el Día Mundial de la Alimentación se ha puesto el foco en la mala alimentación, causa de muchas enfermedades, crónicas en el futuro, muertes, y que causan problemas de salud a niños, adolescentes y adultos.

Tener un sistema inmunitario fuerte no es sólo tomar pastillas, medicamntos, etc… Es comer más sano. Y desterrar lo más negativo de la alimentación. Es la tendencia Food for Inmunity, no sólo buena para nuestro organismo, sino que se ha demostrado desde hace meses la importancia de una alimentación buena para combatir también el coronavirus.

El Día Mundial de la Alimentación 2020 marca el 75.° aniversario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en un momento excepcional, ya que los países de todo el mundo se enfrentan a los efectos generalizados de la pandemia mundial de enfermedad por coronavirus. Retos como la digitalización, el consumo sostenible, los cultivos respetuosos con el medio ambiente, el respeto a las materiaes primas… son claves para que el mundo avance.

«La crisis sanitaria mundial de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) nos ha brindado un momento para reflexionar sobre las cosas que apreciamos de verdad y nuestras necesidades más básicas. En estos tiempos de incertidumbre, a muchos de nosotros nos ha ayudado a reavivar nuestro reconocimiento por algo que a menudo damos por supuesto, y algo de lo que muchos carecen: la alimentación», afirman desde el organismo internacional.

«La alimentación es la esencia de la vida y la piedra angular de nuestras culturas, y comunidades. Preservar el acceso a alimentos inocuos y nutritivos es, y seguirá siendo, una parte esencial de la respuesta a la enfermedad por coronavirus (COVID-19), especialmente para los más pobres y vulnerables del mundo, que son los que más han sufrido el impacto de la pandemia y que se verán más afectados por las perturbaciones económicas derivadas», añaden.

«En un momento como este, es más importante que nunca reconocer la necesidad de apoyar a nuestros héroes de la alimentación, agricultores y trabajadores de todo el sistema alimentario, que garantizan que los alimentos lleguen de la granja a la mesa, incluso en medio de perturbaciones sin precedentes como la crisis actual de COVID-19», algo clave en todas las sociedades.

Desigualdades drásticas: hambre y sobrepeso
El hambre, la obesidad, el cambio climático, el desperdicio de alimentos, son solo algunos de los problemas que evidencian este desequilibrio. La falta de alimento en muchas partes del mundo está disparando las cifras de la desnutrición. En el Día Mundial de la Alimentación, los números del hambre no acompañan. Tampoco los porcentajes de niños menores de cinco años con sobrepeso, que ha pasado del 5,3 % en 2012 al 5,6 %, o 38,3 millones de niños, en 2019.

Según el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo en 2020 publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en junio de este año, las cifras son poco alentadoras:

Cerca de 690 millones de personas pasan hambre, o el 8,9 % de la población mundial, un aumento de 10 millones de personas en un año y de casi 60 millones en cinco años.
La mayoría de las personas desnutridas en el mundo (381 millones) se encuentran en Asia. Más de 250 millones viven en África, donde el número de personas con desnutrición está creciendo más rápido que en cualquier otra región del mundo.
En 2019, cerca de 750 millones, o casi una de cada diez personas en el mundo, estuvo expuesta a niveles severos de inseguridad alimentaria.
2.000 millones de personas en el mundo no tuvieron acceso regular a alimentos seguros, nutritivos y suficientes en 2019.
A nivel mundial, la inseguridad alimentaria es mayor entre las mujeres que entre los hombres. La brecha de género en el acceso a los alimentos aumentó de 2018 a 2019.
Conseguir el ODS 2: Hambre Cero para 2030 parece difícil. Si continúan las tendencias recientes, el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones en 2030, el 9,8 por ciento de la población. Este es un escenario alarmante, incluso sin tener en cuenta los impactos potenciales de la pandemia COVID-19.
El azúcar mata
Con números tan alarmantes, pensar lo que comemos y cómo lo comemos debería ser obligatorio, por nuestra salud, por el ejemplo a los niños, y por nuestro futuro. De ahí la importancia que en España se está dando al consumo de alimentos frescos, de temporada, naturales, poniendo el foco en el azúcar en la campaña 2020, uno de los grandes aditivos de gran parte de nuestros alimentos y que más consecuencias negativas tiene para nuestra salud.

Más de dos tercios de las muertes por enfermedades cardíacas en todo el mundo podrían prevenirse con dietas más saludables, según un estudio publicado en el ‘European Heart Journal-Quality of Care and Clinical Outcomes’, revista de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación.

Se podrían evitar más de seis millones de muertes reduciendo la ingesta de alimentos procesados, bebidas azucaradas, grasas trans y saturadas, y sal y azúcar añadidas, al tiempo que se aumenta la ingesta de pescado, frutas, verduras, nueces y cereales integrales, explica el doctor Xinyao Liu, de la Universidad Central South, en China.

«Lo ideal sería comer 200 a 300 mg de ácidos grasos omega 3 de los mariscos cada día. Además de eso, todos los días debemos aspirar a 200 a 300 gramos de fruta, 290 a 430 gramos de verduras, 16 a 25 gramos de nueces y 100 a 150 gramos de cereales integrales».

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